Del casero, me fío

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Un fucker, así es como yo y El Filósofo (mi compañero de piso, experto en leer a Zizek incluso mientras las chorbas que trae a casa se la chupan en el sofá, dando gemiditos a la par que él subraya fragmentos para luego quedarse pensando durante minutos, mirando al infinito) llamamos a nuestro Casero.

Nuestro casero es viejo, gordo y multimillonario. No sabemos si es putero -todavía- pero su mujer es bastante coñazo, la típica mujer con voz de pito, que parece siempre angustiada, preocupada por algo, un poco idea, pero amable, que es lo que cuenta. Ella es la administradora de fincas. Se llama Asunción y, en general, se preocupa por nosotros. A veces la llamo, algo preocupado, a eso de las seis de la mañana, normalmente viernes.

-Hola Asun, ¿qué hay?
-Chico, ¿todo bien? Si me llamas a estas horas es que será algo grave.
-Bueno, no, grave no, resulta que hay tres tías en mi habitación que dicen que viven aquí, que yo les dije que se podían quedar. Llevan como cuatro días. Me han vaciado la nevera y no paran de tocarse entre ellas. Quieren meterse todo el rato en la ducha conmigo. ¿No seran tus nietas, verdad?
-Mis nietas tienen diez años.
-Ya, entonces creo que no. Solo era eso, gracias.
-Chico, me tienes preocupada, suerte que me pagáis al día.
-Claro, el dinero negro nunca falla, Asun.

Y el problema que hemos tenido ahora es un poco loco, también. El viernes El Filósofo pillo el ciego de su vida. Bebe bastante. Cuando llego a casa, a eso de las diez de la noche, a veces me lo encuentro recitando a Shakespeare a los cuatro colgados que viven en la plaza trasera. Dice que es como su "balcón papal de la cultura", que está ofreciendo su saber a los lumpen, para que salgan de su precaria situación. Lo hace botella de whisky en mano. Como decía, el viernes pilló una torta brutal, y al llegar a casa vomitó en su váter todo lo del mes pasado. No hay váter en la tierra que pueda absorber tal cantidad de tralla, así que tras la segunda tirada de cadena la cosa petó y tuvimos que cortar el agua. Decidimos reventar el váter para disimular el desastre, y así meterle la culpa a los fabricantes. Es una solución al estilo Trailer Park Boys, serie altamente recomendable y necesaria para entender un poco más mis procesos mentales.

Llamamos al casero el sábado por la mañana, hablamos con Asun.

-Hola Asun, nos ha petado el váter.
-Vaya, chicos, no para de pasaros cosas.
-Sin parar, Asun, esto es una locura. Os paso con Fernando X, mi marido.
-Qué hay Ferni.
-¿Qué os pasa con el váter?
-Vino mal de serie, se está autodestruyendo.
-Esto es culpa del diseño de mierda italiano, todo es culpa de los italianos. Yo antes tenía un Alfa Romeo y me pasaba lo mismo...
-Cojonudo. Mira, tengo una resaca acojonante, no me cuentas más movidas raras. Ni de coches.
-Pues os voy a cambiar el váter entero.
-Vale, pero que se puedan hacer clenchas en la tapa.
-¿Clenchas?

-Bueno, que se puedan apoyar perchas, y eso.

Así que ahora está mi casero, gordo y entregado, a la tarea de cambiar el váter por uno Roca. Que es como CIU, son rancios pero nunca fallan (en subir impuestos, ser populistas "de culto" y tragar vomitonas).

Y esta tarde seguiré estudiando la novela moderna norteamericana hasta nuestros días. Signifique esto lo que signifique.

En la foto: una de las cosas que vomitó El Filósofo.

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