Decorados neorenacentistas

Y entonces fue cuando comencé a sospechar que el norte de Kockrea era un país verdaderamente saludable, con reservas hidroeléctricas sostenibles y prostitución diseminada de manera democrática y justa. Por aquel entonces la electricidad circulaba por mis venas a un ritmo sincopado, más o menos como en Girona los dias de buen tiempo.
Y por aquel entonces, tras el descubrimiento de la justicia política en en Sureste de Asia, celebré algunas fiestas privadas en las que, vestidos de marqueses del S. XXI, los asistentes debían escribir quien eran ellos en realidad. Salían cosas tales como pescador en las Maldivas o mono africano.
Alguno decía ser poeta, pero casi nadie le creía. Tras ello, se jugaba al Chat Roulette, y el ganador era el que conseguía coercionar a su cam friend para que enseñara sus calcetines. Las chicas sólo pensaban en enseñar las tetas y los chicos en leer versos de el Lazarillo de Tormes, con lo que lograr ver unos calcetines, ni que fueran grises, era todo un logro.

Todo lo demás era un decorado neorenacentista ortodoxo por el que pasear a los perros.

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