Decisiones

En el Liverpool las cervezas siguen a 1 euro hasta las 22h. Mi mente sigue preguntándose por qué amaneció con incienso en el comedor. Incienso y olor a tabaco de liar. Dos cervezas, dos vasos, vacíos. El tiempo se acelera sin permiso. El tiempo se detiene para joderte. Cosas que poco importan. La vecina gorda con el pelo teñido de rubio dudoso habla con su perro. Todos los que tienen perros y perras hablan con ellos. Una manera de hablarse a sí mismos, imagino. Por eso no tengo perro, porque los diálogos conmigo mismo son estrictamente internos. Todo queda en casa, y no en una bola de pelo con patas con cara de oligofrénico. Quizá, por eso, mis debates internos duran semanas, meses, hasta años. Es laborioso -entretenido- cambiar una cosa dentro de uno mismo, sin que el entorno sepa apenas de qué va la cosa.
Decidí que fumaría sin límite cuando la gente desea dejar de fumar.
Decidí que escribiría on fire indefinidamente, y que mi último post iría más allá del fin del mundo, si este llega de una puta vez.
Decidí que el cybersexo era algo bello, muy útil, sano. Una gran manera de humillar sin complejos y de manera rápida, directa, sencilla. Casi limpia. Y por eso, por ser un regalo de las nuevas tecnologías sin apenas envoltorio, decidí dejarlo. Básicamente para meneármela en ascensores, esquinas, siempre acompañado por alguna cómplice animosa. La realidad me gusta tanto como la ficción, sabiendo que esto puede llevar horas de debate en las montañas con grandes interlocutores pasados de Speed. 
He decidido varias cosas a lo largo de lo últimos meses. No han afectado a nadie. Nunca me ha gustado decidir por los demás, salvo en mi época trotskysta, que terminó levantando el puño en la facultad de física, con mi nombre coreado por 200 estudiantes, veinte de ellos mujeres, cosa que me preocupó. Ese no era el camino. 
Hoy he tomado una decisión, escribir un post sin que se note cuál es.
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BlogVanity Dust