Decadentismo, Fake tits y el diván freudiano

Técnicamente hablando, la diferencia entre un mamut y un casco de moto es nula, salvo los tonos cromados del casco y los cuernos del animal. Todo lo demás es secundario, ya que ambos se pueden comprar. En el caso del mamut hay que recurrir al mercado negro, pero eso no es ninguna novedad.

Los cuernos de mamut miden más de un metro, e introducirlos en la vagina es complicado sin provocar un derrame, así que hay que ir con cuidado a la hora de dar placer a las mujeres.

La lectura de Martin Amis me está dando otras nuevas ideas, como el hecho de que te puedan dar una paliza de manera aleatoria, sin ninguna explicación, y que esto pueda cambiarte la vida y tener que cambiar el Ferrari por una silla de ruedas. Las sillas de ruedas tampoco son un problema en sí mismas. Si tienes la pasta suficiente siempre puedes entusiasmar a una barely legal con ansias de mejorar su escala económica y hacer que te la chupe. Otro tema es el control de los esfínteres, mearse en plena felación eleva el rango sexual a fetish, un toque de lo más chic y deseable.

Pero dejo de hablar de cosas obscenas y paso a describir el día lluvioso de hoy:

Efectivamente, llueve, y sales de casa con el abrigo estilo nazi con la bandera de Alemania en la parte superior de la manga izquierda. No sacas el paraguas porque te gusta cómo la lluvia te golpea el rostro y la barba de tres días. Alcanzas la moto y el niño brasileño que te lía los cigarros te repite por enésima vez que quiere jugar al fútbol. Obvias su petición y le pides un Manitou con filtro grande y papel de regaliz. Enciendes la moto, funciona tan bien como las articulaciones de un gimnasta checo. Bajas al centro. Llegas a la oficina, saludas a la secretaria. Hola Katshenka. Hola Vanity, responde ella. Te pregunta si vas a comer con el editor de tu obra en Islandia. Puede ser, depende de mi estado etílico, respondes. Ella baja la mirada y asiente. Supones que es jodido ser secretaria de tus caprichos, pero para algo le pagas una nómina, e incluso el aumento de pecho en un acto filantrópico. El día continúa siendo gris, no levanta cabeza, como el día en que trataste de revivir a John Lennon sin éxito.

Te tumbas en el diván freudiano del estudio y piensas en cosas tales como si Rimbaud se acercó realmente al decadentismo o nunca pretendió hacerlo y fueron otros los que trataron de etiquetarle. Luego te planteas las diferencias entre la pragmática y la semántica. Luego piensas en si tu vecina tiene unas fake tits o son reales, nunca ha querido decírtelo, siempre te dice,tu mete la polla en medio. Y te acuerdas de nuevo de Martin Amis. Piensas algo más, también intrascendente y abordas un nuevo post. Ya.

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