De cómo vas al cine y acabas dándolo todo Arty Style

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Recuerda, pon siempre una foto en la entrada de tu post.
La idea ir al cine a ver la última de Kronenberg. Con Dominik. Comentar la jugada. Pasar el rato. Como mucho comer algo. La película, excesivamente larga. Freud mola, con su puro y sus pajas mentales. Jung está muy perdido, su mujer va de bombo en bombo y es uno de los personajes femeninos más inteligentes que he visto en el cine en bastante tiempo. Y luego está, cómo  no, la zumbada de turno.
Parece como si en las últimas películas (Von Trier, como recordaréis), la figura de la tía zumbada sea esencial para el desarrollo del hilo narrativo. A esta le iba el rollo humillación. Cachetes, latigazos, gemidos. Las tías zumbadas son un auténtico coñazo. La primera mamada es divertida, te sientes el puto amo. Pero la factura de desquicie mental es sumamente aburrida, bucle, molesta, como una sanguijuela en paro que solo puede vivir de tu puta sangre. Total, que Jung cae ante sus nalgas y la lía bastante. 
Salimos del cine. Algo gélidos por la película. 
-¿Quieres comer en el mejor restaurante chino de la ciudad?
-Vale.
Dominik suele tener buenas ideas. Vamos en metro. El metro está lleno de gente fea. Sin mucho que hacer en la vida. De un sitio para otro, mientras la muerte por el aburrimiento acecha en cada parada. Bajamos en Arc de Triomf y no me da tiempo de terminar el cigarro. Hay gente. La mayoría local. Pedimos mucha comida, demasiada, como siempre en estos casos.
-Pide el huevo milenio.
-Un huevo milenio, porfavor.
Tallarines, sopa, fideos, carne con sabor a pescado, y el huevo.
El huevo es negro. Me lo como, sabe a gelatina. Raro.
Salimos del bar. Me ha estado hablando de hacer un viaje a Filipinas. 
-Tu y yo. Un bungalow y cuatro tías que nos coman la polla todo el día. Con un chasqueo de dedos, dos tías a por tu rabo. Te sentaría bien.
-No lo dudo.
Llama Lloret. Quedamos con él en un bar cercano a mi casa. Lloret es un artista reconocido que fluctúa entre el éxito total y períodos de sequía. Como todos. Mola. 
Resulta que ha conseguido de un Show Room de una marca jodidamente cara mucha ropa. Lleva un jersey de 800 euros. Unos guantes de 200 euros. Y tiene unos pantalones de 700 euros.
Le ha sentado mal la comida. A nosotros no. 
Sale el tema a colación. Dominik llama.
-Mi camello está aquí al lado.- Asentimos.
Regresa al cabo de 20 minutos con un pollo de coca. Yo tengo mi gintonic a mano. Fino, muy fino.
Lloret me cuenta su movida actual:
-Me he reunido con un galerista de Madrid. Un flipado, engreído de mierda. Pero me ofrece buenas condiciones. Quiero que me muevan la obra ahí. Mi galerista de aquí está muy parado. Ahí ya tengo nombre, es cuestión de reaparece. Y este niñato lo va a flipar con mi nueva obra, me explica. 
-Tengo el tema. Vamos a casa de Vanity. Así veremos su nuevo piso en #hiptheraval.
Ya en casa, nos sentamos en la mesa del comedor. Preparamos un libro de Naipaul como bandeja de plata. Un rulo con un cartón de un fanzine. Y hablamos. Dominik pone sus temazos, de entre los que destaca YOURS, de Steffani&Virginia. Muy necesario.
Dominik me cuenta cómo comenzó con el arte. La verdad es que estaba bastante perdido a sus veinte tacos. Quién no. Estudió en Madrid publicidad, lo dejó. Luego en Valencia. Nada. Viajó a Londres. Mundo de noche. Pinchaba en las islas, no le iba mal. Pero eso no tenía futuro. Un colega suyo, mayor, lo invitó a vivir a su casa, y se puso a currar con él, en el tema del arte. De ahí en adelante, non stop.
Lloret fue un artista que conoció la fama de manera precoz. Al salir de la Universidad, le esperaban con un solo en una galería potente. Luego en festivales. 
Primera raya. Dominik es generoso con las clenchas. Podría servir para señalizar una autopista. Más temazos, más clenchas.
Lloret nos cuenta una historia de amores platónicos que me enternece. Joder, cómo hemos sufrido todos por amor. Dominik es un tío con dificultades para escuchar. Se lo reprochamos. No nos escucha. Más temazos.
Son las 3 de la mañana. Enciendo unas velas. Para que se lleven el humo, y alumbren nuestro demacre. Dominik nos comenta que fuimos una de las razones importantes para no abandonar Barcelona en busca de otras ciudades más abiertas y con más pasta. Somos importantes para él, del mismo modo que lo es para nosotros. Pero tampoco caemos en comernos las pollas.
Todos vamos varias veces al baño, y las cervezas de mi nevera flaquean. 
Son las 4. Debía levantarme a las 10, cosa ya poco probable. Escribir es un trabajo que no entiende de horarios. Ni de drogas. 
Derivamos hacia otros temas de conversación. Por ejemplo, cómo te sientes al ganar 20.000€ en un día, vendiendo tus movidas. Estando en la cresta. 
Son las cinco. Movidas. Hora de poner punto y final a esta velada que comienza con cine y termina con #hiptheraval y Acid House y dando por el culo a lo Arty. 
GREAT.
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