Cuando duermes más de 10 horas pasan cosas

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Este mapa marca todas las raves de Florencia
Decides que dormirás siete horas y media, coincidiendo con los supuestos ciclos de sueño. Esto lo has leído por Internet mientras fumabas un canuto, y por eso le has dado especial relevancia y credibilidad. Pones la radio despertador con led verde psycho. La emisora emite por la mañana noticias de actualidad, de estas que a la gente le interesan. Cosas de la crisis, crímenes, guerras, secuestros y violaciones. A mi todo esto me suena a chino. La actualidad es un pasatiempo socialmente demasiado aceptado. 
-¿Tú sabes lo que pasa en el mundo? 
-Ni puta idea. 
-Bien, entonces ya podemos seguir amigos.
-Vanity, ¿puedo agregarte al facebook?
-Lo siento, pero no tengo página de amigos, solo te puedes hacer seguidor. Pero prometo poner esas fotos que me mandaste de tu hermana, y si estoy de buenas como foto de perfil.
-Eres genial.
-Buenas noches a los coches.
Evidentemente, no duermes siete horas y media. Te levantas a las 11 horas de haberte acostado. Tenías que ir al gimnasio, a comprar merca al dealer y al supermercado y también a un sitio donde te hacían un regalo por ser periodista. Nada de nada. Ahora pasemos al yo.
Salgo de la cama en pijama y lanzo un cenicero al vecino de delante que toca el puto saxo. En realidad, me toca los cojones y hasta que no le pete la ceja no cesaré de comprar ceniceros en el chino. Luego suena el móvil y el editor de Blife Magazine me dice que necesita fotos y titular. Los busco mientras el café se hace en mi máquina de grano puro y un cigarro se lia el solito, sube por el cuello de la camisa y se incrusta en mi labio y se enciende mágicamente. Estoy tan despeinado que si tuviera que entrar en los USA again posiblemente me raparían al cero pensando que llevo una puta docena de talibanes en la cabeza. No sé cuando decidí dejar de peinarme, pero eso coincide más o menos con el momento en el que pasé de dormir seis horas a dormir diez. Y entonces me llama Spaguetti, el puto jefe. The boss. Desde Italia.
-¿Tienes Skype?
-Claro. 
-Pues hablemos.
-Vale.
-Tengo algo para ti. Un viaje, espero que te mole.
-Madonna.
Y hablamos por Skype mientras diez cigarros se están liando a la vez y vuelven a trepar por mis brazos hacia mi boca para encenderse mágicamente y reventar mis pulmones.
-Te vienes a Florencia, gastos pagados. Ya. Tengo tu billete.
-Madonna. Esto me llena de honda satisfacción. Me caes de puta madre, nadie diría que con las lonchas de coca que nos tomamos en Tomorrowland pudieramos llegar a tan intensa amistad. Kant estaría orgulloso de nosotros. Y Gramsci, por el optimismo de la voluntad y estas chorradas. ¿Y qué tendré que hacer?
-No gran cosa, venir de fiesta conmigo.
-Creo que podré hacerlo.
Y dejamos de hablar por Skype y los pitis siguen persiguiéndome por la casa. Más café, esa vez con ron. Y otro día más por delante. Leo Emaús de Baricco.

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