¿Cúal es la moraleja?

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El oso sostiene entre sus garras trozos de madera y se los trae de las profundidades del bosque al profeta, su compañero de cueva. Domesticado y controlado, el oso sirve a la voluntad del profeta y éste le responde cuidando y satisfaciendo sus necesidades básicas-no tiene muchas más-.

Una relación de intereses que genera una convivencia pactada implícitamente. El oso, un ser temido a priori por todos -incluso por los más atrevidos- duerme tête à tête con nuestro amigo profeta, en una cueva sin frío, gracias al fuego hecho con la madera que le trae periódicamente.

No fueron las cosas tan sencillas en el inicio. Encontrarse un oso salvaje deambulando por tu "casa" destruye la intimidad, la seguridad que aporta, por definición, el hogar. Aunque, como se dijo a si mismo el profeta, había que pensar bien qué hacer. ¿matar al oso, sabiendo que es inocente ya que actúa según su propia naturaleza-no es culpable de sus actos- para con ello recuperar la seguridad?. ¿Y si viene otro oso, todavía más agresivo?.
El profeta pensó otras posibilidades. Podría educarlo, domesticarlo, y quizás así se sentiría menos solo y mucho más seguro de cara a otros peligros venideros.
Una vez tomó la decisión conciliadora, la tarea requería mucho tiempo y dedicación. Podía dejar salir al oso, pero con sumo cuidado, no fuera que éste se volviera contra él. Cuando el oso aprendió que si se comportaba debidamente comía y bebía sin necesidad de cazar, las cosas entraron en un cauce concreto y positivo, en la senda de una relación estabilidad. Cierto es que el oso tenía sus comportamientos dañinos y violentos, y más de una vez el profeta temió que le pudiera causar algún mal. Siempre hay un cierto riesgo cuando se domestica a un animal. Luego, tras algunos meses, la situación volvió a mejorar. El oso, gratificado, sentía cada vez más aprecio por su cuidador, así que le traía algunos animalitos y objetos que encontraba por el bosque.

Y de ahí, el profeta pudo organizar sus tareas, y dedicar más tiempo al estudio y a predicar en los pueblos cercanos. Gracias al oso, y a su voluntad de convivir con el animal temido.

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