Crónica dark desde la Valencia electrónica * EL PALOMAR: UN VIAJE LUMINOSO (PERO NO MUY LISÉRGICO) DONDE EL FIESTÓN parece ocurrir en otra parte * Alejandro Serrano Sierra as Special Guest

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  Hace algunas semanas le propuse a Alejandro Serrano Sierra, flamante editor de Psychonauts, que saliese a repartir amor y bailes por su ciudad natal, Valencia Destroy City. Dicho y hecho, Alejandro se puso en modo gonzo y aquí nos presenta en total y soberana exclusiva una noche montada por los grandes del sello Innervisions en un reputado club de la zona. Espíritu del parkineo, chonis de toma y daca, sobredósis de selfie, pretensiones altermundistas y un poco de frustración histérica. ¿Apasionante? Pues claro, aunque hay que montárselo como Alejandro para salir vivo y gozoso de un percal como el que se cuece en El Palomar. Keep that base (Valencia powered remix).

Crónica Noche Valencia * Vanity Dust

 

Una noche en El PALOMAR con Alejandro Serrano Sierra

Âme está en cartel esta noche en EL PALOMAR. Me acompaña una chica que conocí en Tinder, junto a sus tres mejores amigos: Dylan Peña, Vincent Dolz y Laura Palmer. Para hacerse una idea de la troupe, la tinderiana se perfila como punk, cigarro en boca, gafas desajustadas, póster de Eraserhead en el cuarto, un espejo flipante para hacerse fotos esquinadas y metafísicas para su retro-Tumblr, tatuaje de dibujo de Daniel Johnston en el brazo y siempre divertirse en espacios donde la música es PASADO TODO EL RATO. O sea, mel de romer. Agüita del avellana. Pues bien, nada más bajarse del taxi, la tinderiana con botines negros se sorprende de Nike, Adidas, oro, plata, tatuaje tribal, pelo pa`trás, vestidos cuquis y tacones, muchos tacones. “¿Qué coño es esto?” Tranquila, le digo, este es el ambiente de EL PALOMAR. “Pues menuda mierda”. No tardará la tinderiana proyecto de artista del underground fanzinero más chachigüei de Valencia en enfadarse como un basilisco con proyecto de fotógrafa enamorada de sí misma acompañada de amiga enamorada de la moda juvenil, porque se ha colado porque sí, que la vida son dos días y ser feliz es gratis. Tinderiana arde de rabia. Puedo ver pancartas en sus ojos. Aunque en cero coma, la fotógrafa fitness junkie será intervenida por dos Power Party Boys que aparecerán de repente, como una manada de zorros in the night, y cuyos gestos se pueden resumir en fare l`amore. Pero tinderiana tiene “conciencia social” y no entiende cómo fotógrafa romanticona empedernida y blogger experta en belleza se atreven a ligar con los Power Party Boys, y en concreto con uno (llamémosle Kiko Montesinos) de Catarroja, con infancia marcada a fuego por la discoteca PLATANITO, el callejón de atrás de la cafetería del insti y los paseos en bici por la huerta con Xiqui, Sebas y Cara Huevo.

Crónica Nocturna El Palomar * Vanity Dust

 

“¿A dónde me has traído? ¿Qué antro es éste?” Pero nuestro Montesinos, en un alarde de pasión gavilán, empuja contra la valla a nuestra fotógrafa sonrisas para el mundo. Alteración. Rebelión.org. Revela`t. Politics corruptes. No al machismo. Salvem el Cabanyal. Tinderiana forma inmediatamente una miniasamblea con sus amigos ante la gravedad del asunto. Será Valencia. Serán las fallas. Será el gobierno. Será la sociedad. Al final, nuestra querida fotógrafa creativa full time junto a su feliz amiga con un punto de alocada y freak, se pierden con los Power Party Boys entre risas que suenan a sexo por otro acceso a la discoteca, y ya en la entrada, un joven heredero de La Ruta profunda comenta a su fiel escudero de pastis and buenri si habrá muchas putas hoy. “Sí”, contesta entusiasmado, mientras mueve los dedos como pececillos. La tinderiana recibe todos estos estímulos como bola de demolición en su sólida y férrea estructura moral y me dice que ya puede lo de dentro estar a la altura, porque lo de aquí está dejando mucho que desear. Tranquila, tranquila, y le hablo todo lo que sé de Âme gracias a la información que he podido recoger de ClubbingSpain. No parece convencida. No al abuso, no a la discriminación. Los Punsetes son los putos amos. Quiero morir en una discoteca llena de maricas, etc. Entramos en EL PALOMAR. El percal está bastante gratinado. Âme está a los platos. Da la sensación de que la gente ha venido con la predisposición de VER a Âme, mucho antes que a vivir la música que disparan por los bafles. El humo, los arpegios locos y la épica intentan unificar lo ya roto de entrada.

“Daniel Johnston es mucho mejor que esto”. Y por un momento pienso que no es muy diferente la relación que mantiene con sus referentes que la que mantienen sus estigmatizados canis y chonis con las marcas de ropa. “Déjate llevar”, le digo. Ser pisoteados forma parte de la función. Get physical. Aquí hemos venido a perdernos. “¿A perdernos dónde?” Demasiadas aspiraciones culturales para divertirse. “Johnston ha aportado más a la música que esos tíos de allí arriba”. La rabia continua hasta que un chustero le tira la cañucci a su amiga Laura Palmer, diciéndole que espera que no haya venido hasta aquí para pasar el rato. ¿Eh o qué? Tinderiana ruge. Su orgullo puede con los más de 20.000 watios de la discoteca. “Nos largamos”. Pero... “Sí, te puedes meter esta discoteca por el culo”. Quizá no tuve que haberle vendido el evento como “cosa cultural e icónica”. Pero mejor, joder, ya no tendré que aguantar su pesto di casa di mama. Aunque no tardo en darme cuenta de que estoy solo, que aquí únicamente se levantan las manos en unanimidad cuando hay un drop fuerte. Ni la droga nos une. Hay demasiada atención y tensión en el ambiente. Hay muchos móviles proyectados en la cabina. Mucha foto que seguramente etiquetarán como party hard.

Alejandro Serrano Sierra.

 

Conocí a Alejandro Serrano Sierra a través de las redes, hará cosa de dos o tres años. De la sintonía y afinidades, algunos mensajes cruzados y algún que otro intercambio de merca literaria, Alejandro dio un salto toloco a lo real y se plantó by the face en Barcelona para una movida que yo tenía en una galería en la que pinché con mi iPad con muchas ganas y algún que otro mísero acierto. Y nos caímos de puta madre y luego hemos seguido hablando de electrónica, libros y demás asuntos de tremendo interés y relevancia. Alejandro es natural de Valencia, lugar que a nivel festivo me genera una mezcla de miedo, asco, asombro y fascinación total y que, por otro lado, vive anclado en mi memoria por esos años de la Ruta Destroy. Poco o nada quedo de todo aquello, y eso nos sirve con frecuencia para hacer coñas sobre la escena electrónica actual de la zona. Tras esta epopeya nocturna que acabamos de leer, claro está que el asunto no es fácil y, mal nos pese, hay que seguir peleando para bailar y, muy especialmente, para luego poder contarlo.