Crema bronceadora como lubricante y cuña conmemorativa de la señorita Wong B. / Paris Set Week VI /

La vida nocturna reaparece con fuerza en mi vida parisina. Salgo de casa con Viviane, después de haber tomado unas cervezas Leffe, hablando acerca de cómo moverte en ambientes en los que no haya coca.
Nos esperan en una plaza un diseñador de moda y su hermano, publicista y empresario. Conozco al diseñador, un gay que viste por defecto con traje Armani y fuma puritos. Conecto en segundos con su hermano, actualmente estudia un máster y, supuestamente, ha venido a París a relajarse, hacer yoga y estudiar.
Llegamos al bar, pedimos una botella de vino. La tomamos en la calle, mientras fumamos sendos cigarros. El bar está lleno, a reventar, y sigo charlando con el hermano. De nuestra conversación, destaco dos momentos, aquí expuestos. Son diametralmente opuestos, o no tanto.

-Así que escribes...-se coloca el fular Chanel.
-Sí, me dedico a ello algo así como 24h al día. Por la noche tengo un mono domesticado que me lee los sueños y los apunta en un papel, cuando me levanto me pasa el acta, y de ahí ya tengo material para escribir las primeras horas.
-Está bien, estoy editando una revista musical, música y tendencias. ¿Qué cosas escribes?
-Es una pregunta muy amplia, digamos que soy rico y me deleita leer y vivir en los extremos, pasando por el medio y alguna otra coordenada bizarra.
-¿Puedes ser más concreto?
-No.
-Siendo así, podría ser interesante que colaboraras con nosotros, con textos desde Barcelona, para que cuentes cómo es tu vida allí, la noche...
-Hecho.

Segundo momento destacable. Este primero, acepto la anotación, es más vanidad personal que relevante, peor es tan complicado separar las cosas. Siendo sinceros, como se sabe, nunca he pretendido separarlas.

-Conocí a una chica de L.A, tetas operadas, 40 años. Muy en el rollo, ¿sabes?
-Claro, he conocido a chicas de L.A con 3 tetas.
-Nos caímos bien, la saqué a pasear, le presenté a un colega. Y terminamos los 3 en mi casa, mi colega y yo mirándole las tetas sin parar. Ella accedió de buen grado. Pasamos del sofá a la cama, primero yo, luego él, y ella gozando de nuestra masculinidad latina. Para lubricar, investigué entre mis potes del baño, y encontré crema bronceadora. Ya sabes, para metérsela por el culo, hay que recorrer a lo que sea, no se puede dejar pasar una oportunidad tan gentil y exótica.
-Claro, el amor es lo primero.

La noche avanza, y como si de un truco de magia etílico se tratara, van apareciendo cervezas en mi mano.
Conocemos a un conductor de trenes de la periferia de París. Y su amiga, una chica de Croacia hiperfollable, es arqueóloga.

-¿Qué mierdas hay por excavar en Croacia?
-De todo, tumbas romanas, templos masónicos...
-¿No habrás encontrado, por casualidad, mis Ray-Ban de aviador que perdí en la playa, verdad?
-No, en la playa no excavamos.
-Vaya, eso me decepciona.

Dando tumbos y gritando, al cierre del primer bar, asaltamos en segundo, el de la mafia. Hay mucho ambiente, y fuera está el señor que hace el ramadán y que no para de beber.

-Señor que hace el ramadán, ¿Qué tal su día?
-Tengo hambre.
-Es el precio de coleguear con Alá. A mí, por ejemplo, cuando quiero coleguear con las plantas, tengo que regarlas primero, y luego acariciarlas y hablarles. Al final, si mueven las hojas, es que les he caído bien.

Antes de que sea demasiado tarde, nos retiramos a dormir, los 4. Y el iPhone del diseñador de moda no brilla, desconozco las razones. El dice que se ha mojado. Eso es todo. Así que, atención:

Si mojas el iPhone es posible siga funcionando pero que deje de brillar. Es de aquellas cosas que no valoras hasta  que las pierdes, como la virginidad.

En casa, me espera el bastón, apoyado en la pared. Hago unos bailes Michael Jackson y me cargo una lámpara. Pongo un remix de Sinichi Osawa en Spotify, y canto evangélicamente.

Y ahora, un breve texto conmemorativo:

Situémonos en verano de 2008. Mi casa. Barcelona. Me he apuntado a una página de recepción de gente con problemas de próstata. Mi nueva inquilina es de Hong Kong. Mide 1.50. Al abrir la puerta de casa, vestido con mi túnica blanca y dorada, escucho un "stafshsh". Joder, la he pisado sin querer. Le he aplastado la cara, y la china tiene ahora cara de Bulldog. Es, realmente, un bajón. Por ello, decido ponerle un mote simpático, a juego con sus cualidades físicas y su país de origen. Se llama Wong Baijong.
En resumidas cuentas, escribiré a bocajarro todo lo que pasó en los 4 días que compartimos espacio.

La tía no salió de casa, ni le importaba una mierda Gaudí, ni sacaba fotos, estaba en Internet mirando sus cosas incomprensibles. La saqué a pasear y comimos paella después de discutir si comíamos en casa, porque ella había comprado ensalada y demás, y luego me dijo que quería comer fuera. Así que comimos fuera, sin hablar, en un restaurante de la Barceloneta que costó una pasta pero que pagó ella, me bebí dos botellas de vino caro y me dormí en el regazo de la chica que estaba en la mesa contigua. Me la follé con una bolsa del Carrefour y la cara de Mao pintada en el logo. Y luego me fui a dar un paseo a la pata coja, rompiendo farolas aleatoriamente, siguiendo la teoría de la mariposa. Pensé que si me cargaba una farola de mi barrio provocaría un huracán en las islas Feroe. Por desgracia, no tengo constancia de que ello ocurriera. Me pidió que quería comprar ropa cool. Así que la llevé a deambular por el Borne, mientras yo perseguía  a los pakis para comprar cerveza. Ella me dice, bueno, es que yo quería comprar ropa de aquí, no de marcas extranjeras. Bueno, pues haberlo dicho antes y hubiéramos ido al mercadillo, que hay unas ropas preciosas, hechas a mano y baratas.
Como se deriva de este texto, el intercambio cultural y los dolores de próstata fluyeron con buen humor y sintonía. Experiencia muy recomendable si uno busca fetiches sobre los que escribir.

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