Contrato de viaje

Sinuoso y escurridizo. Envolvente y contagioso. Tal es el Minimal Techno. Avanzo por la calle siguiendo las indicaciones de la música. La luz crepuscular desoye la claridad y se centra en propagar destellos fugaces, los últimos estertores del día ceden ante los beats de mis auriculares. Desconocía que el poder de escuchar música de m-nus fuera alterar la luz solar. Las gafas de sol que llevo quedan inservibles, ya es de noche, pero decido seguir llevándolas puestas. Me quedan 3 días en Barcelona y no creo que me las quite. Acompañan a mis párpados cansados y colaboran con el asalto visual a mujeres que exponen su carne de manera voluntaria para el regocijo de los paseantes/asaltantes. Quedan pocos temas por cerrar en la ciudad. Todo yace en calma, las cosas flotan en el aire, como esperando a que aleje mis pasos hacia París y puedan desembocar ahí toda su energía caótica y renovadora. Sé que Vanity cruzará Francia en avión, su cuerpo se encarnará en una boina, una pipa y un sombrero de copa. O en un bastón decimonónico, una visita intempestiva al Pompidou y un baño desnudo en las aguas de enfrente de la Torre Eiffel. El destino espera, paciente, su momento para unirse de nuevo a mi lado, como las caderas de una chica que has estado mirando firmemente toda la noche y, por fin, a pocos minutos del cierre, se contonean con tu entrepierna. Vanity regresará de París siendo otra persona, de cualidades modificadas, concepciones derivadas, sentimientos filtrados, depurados. Ya lo decía un sabio viajero, sales siendo uno, regresas siendo otro. Dejaré las conjeturas de lado, dormiré pensando en las siguientes palabras escritas con las que comenzar el día. Porque, el compromiso, el contrato para con las letras de uno mismo, eso, no cambia.

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