Confesados

Halfaxa, Grimes.

Me sorprendo a mí mismo levantándome demasiado tarde pero de buen humor.
Mirándome al espejo sin verme reflejado, por enésima vez.

Abro los ojos y estoy delante del ordenador escuchando Grimes
y viendo los memes de siempre pero con nuevos ojos.
No suelo hablar con nadie los lunes por la mañana, y ayer me pillaste a contrapié diciéndome que te importaba algo que había dicho de pasada cuando hacía apenas una hora o así que te conocía, ¿no?

Porque intento hacer lo posible por no creer en lo que digo y tratar de ser feliz al mismo tiempo.
Cuesta, y todos los aquí reunidos lo sabemos, que alguien sea capaz de detener tus palabras, otorgarles un valor del que jurarías, mientras las pronuncias, carecen por completo. Cuesta horrores habitar en la creencia de lo eternamente pasajero y siempre cubierto con la capucha que ahuyenta cualquier sentimiento de implicación. Y es extraño ver, o intuir, que deseabas que aquella noche hubiese durado un poco más. Y ahora sé que sabías que yo también quería aunque podría haberlo disimulado mejor. Aunque eso hubiese significado perdernos el desayuno, un posible error de base. Cada vez estoy más convencido que la línea que separa lo que sale bien de lo que sale mal es tan fina que podrías esnifarla sin necesitar siquiera un rulo.

Ayer me sentí el mejor publicista amateur del mundo recomendándote la web de Vueling puntocom, especialmente porque creo que seré yo el que la use de nuevo.

No sé, quizás hoy tú me pillas a mí en uno de los días más vulnerables del año. Y todo esto en menos de una semana. Habráse visto, que la casualidad y el vecino con nueva novia nos pillen confesados.

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