Cena con mi ex compañero de clase

Hacía tiempo que no quedaba con un antiguo compañero de clase. Pasaron los años y enterré mis recuerdos de la infancia bajo una losa de piedra en el patio de atrás de mi mansión deshabitada. Julián nunca fue de mis mejores amigos. Nuestra relación en el colegio se basaba en intercambiar apuntes antes de entregar los deberes, y de fumar un cigarrillo de Ducados negro a medias robado del bolsillo de la chaqueta de mi abuelo.

Para impresionarle, reservé mesa para dos en un lujoso restaurante céntrico, y quedamos sobre las 21. Llegó sobre las 21:30. Había engordado mucho. Tenía una papada próxima a la de un hipopótamo viejo y moribundo. Dio varios tumbos desde que le vi aparecer en la esquina. Cayó al suelo y una mujer joven le ayudó a levantarse. Sacó un tetrabrick de Don Simon del bolsillo e hizo un trago.
Me saludó. Al abrir la boca, un fétido aliento a alcantarilla entró por mis orificios nasales. Me entró una náusea insufrible que casi me hizo devolver. Me dio la mano y eructó. Nos dirigimos al restaurante. Al entrar, Julián resbaló y se dio un golpe contra un aquario decorativo. 3 camareros consiguieron levantarle. Finalmente, después de la apoteósica entrada, nos sentamos. Se quedó dormido encima de la mesa. Pedí para él un plato de pasta.
El camarero nos preguntó que queríamos para beber y, como si se tratara de unas palabras mágicas, se levantó y con los ojos vidriosos y rojizos, pidió un Red Bull.
-Lo siento señor, no tenemos.-
- Burp!-Eructó de nuevo.-¿Tienen Xibeca?-
- Tampoco caballero.-
- Vaya, pues vodka porfavor.
-Si señor.

El camarero se fue y puso cara de circunstancias. Julián me daba pena, aunque cuando me tomé la situación de forma más ligera, me empezó a cambiar el humor.
No habló en toda la cena, se desabrochó los botones del pantalón para dejar que su barriga se acomodara con libertad encima de su entrepierna. Visitó el baño 4 veces, 2 de las cuales se cayó.
Pagué los 60€ con mucho gusto. A la salida, le pregunté a Julian que dónde vivía. Me respondió con grandes esfuerzos que iría andando a su casa, que estaba algo mareado.
Nos despedimos brevemente y no me atreví a darle la mano. Decidí seguirle un par de calles. Al doblar la esquina, se tumbó en el primer banco que encontró. Sacó su tetrabrick de Don Simon y echó un trago. Encendió un cigarro y se quedo dormido con el piti en la boca.

Después de aquella cena, me sentí mucho mejor. No estaba tan acabado comp pensaba. Gracias Julián.

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