Cazar zebras y el final precoz de los e-Books

Decido comprar 300.000 e-books para hacer una quema pública en la plaza Catalunya. Es el momento de volver a las cavernas ideológicas y destrozar la era tecnológica. Estoy cansado de tanto progreso material. La semana pasada compré una pluma de pájaro para escribir con tinta china y regresar en plan after pop a la era medieval. Escribo cartas a mis amantes y las mandan palomas mensajeras con pequeños petardos incorporados. Una vez entregan la carta explotan y rocían a la amada con sus minúsculos órganos intestinales.

238 camiones con capacidad para 10 toneladas amontonan los e-books en el medio de la Plaza Catalunya. Miles de personas, de entre ellas famosas personalidades, acuden a curiosear. Todos los e-books contienen un único ejemplar en su decimonónica memoria: Los hombres que penetraban a las mujeres. Es una doble quema simbólica. Primero, contra la propaganda consumista. Segundo contra la desbocada cultura de masas. Es un día feliz para los apocalípticos. Normalmente la quema de libros va en pos de la destrucción de las ideas heterodoxas y diferentes. Esta vez, única en la Historia, se destruye el pensamiento único y la uniformación bollicao.
Como no puede ser de otro modo, he contratado algunas chicas en bikini con pinta anoréxica (para asegurarme de su delgada figura llevan 3 días sin comer) que bailan y mueven sus tetas con las manos. Al mismo tiempo, unas gordas con granos (cobran mucho menos, claro) amontonan los libros y los pisan para romper las pantallas. Algunos detractores del acto intentan robar un e-book. Los más honestos también querrían robar uno pero piensan para sus adentros que no tiene mucho sentido ya que no leen.

Por fin un helicóptero de Pestol verte 2000 litros de gasolina. El ritual es el siguiente. Enciendo un puro con un billete de 500€ sacado del Palau de los Ladrones y lo lanzo a la pila de chatarra seudofuturista llamada e-book. Los libros fake quedan rendidos ante el potencial químico y van reventando uno a uno. Las chicas en bikini estallan de felicidad y se quedan en topless. Todas sacan un ejemplar en papel de La metamorfosis y lamen la portada.

Algunas televisiones acuden a cubrir lo que llaman el "show retrógrado de un provocador millonario". Con mi escopeta de aire comprimido voy disparando a los cámaras. El presidente ejecutivo de El Pene Inglés tiene la culpa de que sea tan bueno con las armas. Nunca olvidaré el zafari en Zimbawe donde matamos unas 25 zebras protegidas.

La explosión final peta los cristales de la oficina central del VVBA y de Paja Madrid.
Tomo mi medicación para no extasiarme demasiado. Me despido con un ademán del público y subo al Lotus Esprit aparcado en doble fila delante del Suck Rock Café.

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