Catcaína tales. Las aventuras del gato Grassdelay en el control de alcoholemia

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A veces me encuentro un gato en mi casa. Es pardo, callejero, pero simpático. A veces le doy unas caladas. Luego quizá no lo vuelvo a ver en varios meses. Siempre me explica cosas, algunas historias que lee en los periódicos gratuitos de prensa underground del barrio chino.  Pero la que me contó el otro día le ocurrió a él mismo.
El gato, al que llamaremos Grassdelay, iba en moto después de volver de fiesta en un club cerca de Montjuïc. Había bebido y tenía prisa por llegar a casa y ordenar la habitación después de la última orgía.
La moto de 125cc, plateada y con algún rasguño, circulaba a toda velocidad por la Gran Vía. Los bigotes de Grassdelay zumbaban y se removían por culpa del frío helado tan complicado de esnifar. Llevaba 3 semáforos saltados en rojo cuando unas luces azules le hicieron estirar la cola. La policía. Control de alcoholemia gatuno. Se quitó el casco, y trato de andar sin hacer eses. En el último momento, se pasó las patas por la nariz, a no ser que hubiera algo de polvo blanco de slamón triturado con Catcaína (no es un juego de palabras, es su droga real). Los agentes se disponían a hacerle soplar y a morder un palo con sus incisivos, cuando la divina providencia de la decadencia surgió de entre la nada.


La llegada del Volkswagen Golf 1995 y la salvación de Grassdelay
A medio soplar, exhausto, se escucha un beat duro y oscuro atronando desde la lejanía, acercándose a una velocidad de 130rpm, como unos Technics SL. Frenazo, silencio de los policías. Un cruce de miradas entre los carabinieri y salen en busca y captura del coche, el Golf de 1995. Grassdelay se queda con el alcoholímetro en la boca, y lo llena de whisky para hacerse una petaca.
El interior desquicio de los habitantes del Golf 1995
Transcripción reconstruida por expertos en lenguaje periférico y ubicado entre los 4.000.000 de parados (sí, también hay parados que hablan bien pero, tarde o temprano, todos acaban igual).
-¡Nen, pelotazo de la vida, qué morao colega! JAJAJA
-¿Dónde está la tía aquella que estaba en el coche con nosotros?
-¡Muerta en el maletero! JAJAJAJAJA
-Joder, no te pases con la Jessy tío, que es supermaja.
-Me la suda. JAJAJAJAJAJA
-A mi también. JAJAJAJA
-Somos la poya. JAJAJAJA
-Ya ves. JAJAJAJA
-JAJAJA
-JAJAJA
(repeat)
-Somos la puta poya. JAJAJA
-Ya ves. JAJAJAJA
-JAJAJA
-JAJAJA
(bucle ad infinitum)
Se ponen serios:
-Joder tío, viene la poli, ahora que sonaba el mejor temazo del Yonás, puto amo el tío. Y eso, ¿No es un puto gato bebiendo whisky con un alcoholímetro? 
-JAJAJAJA
-Somos la poya JAJAJA
-Ya ves JAJAJA
(Special bucle on the keyboards)
Los dos papelas van de duros y sacan unas navajas de plástico. Los policías sacan las porras. con la distracción de los policías, Grassdelay podría marcharse y evitar el control, pero se lo está pasando bien. ¿Verdad Grassy?
-¡Miau! 
Los papelas están detenidos, comiendo hierba del arcén y jugando al tetris con los conos del control.
Y entonces los policías se acuerdan de Grassy. El puto gato tiene que soplar. Pero...
La llegada de la Vespa de 1979 y la segunda salvación de Grassdelay
Otra vez con el alcoholímetro gatuno en la boca, un ruido lejando, muy industrial, se acerca a 130rpm. Es una Vespa del 1979. Una moto de mierda para modernos aburridos que no reconocen que quieren llevar una moto de mayor cilindrada y más hortera. Con la distracción, Grassy saca su botella de vodka y lo mete dentro del alcoholímetro y tiene la petaca perfecta de nuevo. Y se rasca los bigotes y dice:
-Me gusta vivir en la postmodernidad, creo que voy a cambiarme el iPhone. Miau. Slurp. Cof Cof. Zig. Slash. Go. Yeah. Mmm. Dish. Destroy. Liquid paradise. Ahá. Miau. Y le hace una perdida a su madre.
El interior desquicio de los modernos de la Vespa de 1979
Los dos de la Vespa de 1979 no lleva casco. Ni papeles. Ni tienen carnet de conducir. Ni piernas. Ni pelo, ni cráneo, solo un cerebro a la vista, con las venas hinchadas y espuma y vapor mentolado.
7.000€ de multa, dos años de cárcel, veinte o doscientos cachetes.
Ahora ya son 4 los amigos que han salvado a Grassy de una terrible multa por conducir ebrio. Los papelas y los modernos. Y Grassdelay no sólo se marcha silbando No woman, no cry, sino que se va con la moto y un alcoholímetro-petaca lleno de vodka.
Esta tarde, me ha dejado probar su invento etílico cuando ha aparecido, después de mucho tiempo, en mi casa. Y, aunque no os lo creáis, el tipo sigue todavía en la primera vida, 1/7. Me mira serio, elegante, pulcro, y se rasca los bigotes. Y encima dice que ahora quiere dedicarse al tráfico de Catcaína.
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