CARTA ABIERTA A LOS VECINOS AMARGADOS Y MANÍACOS DE BARCELONA QUE JODEN LA VIDA SOCIAL DE LA CIUDAD CON AMENAZAS Y EL MIOPE IMPERIO DE LA LEY EN CONTRA DEL RUIDO

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Señores, señoras, viejos, viejas, jóvenes y niños que habitan en una ciudad con más de 3 millones y medio de habitantes (y no en el monasterio de Poblet), permítame decirles que son unos vecinos amargados. Y ahora les explico el por qué.
Me dirijo a ustedes por una sencilla razón: tengo la certera sensación de que, allá donde voy de Barcelona, no importa si es una galería de arte, un bar, un piso o un evento en una sala de conciertos, uno de ustedes ha amenazado con contundencia, agresividad y hostigamiento a sus organizadores y asistentes con razones tan ambiguas como: no puedo dormir (¿cosa de la medicación, quizá?), hacen ruido (¿?), no tienen permiso para hacer eso (criminalizar una fiesta de cumpleaños, por ejemplo) o sencillamente ESTOS JÓVENES SE LO ESTÁN PASANDO BIEN JUNTOS EN VEZ DE ESTAR ESTUDIANDO O TRABAJANDO DE VERDAD Y YO NO PIENSO SACRIFICAR UN ÁPICE DE MI GRIS RUTINA PARA QUE SEAN MÍNIMAMENTE FELICES DURANTE UN RATO NI HAGAN ALGO DE ESTO QUE LLAMAN ARTE.
A todos ustedes, casi sin excepción, tengo algo que decirles: son unos verdaderos amargados hijos de la gran puta que, por su maldito egoísmo casero, desmantelan sistemáticamente cualquier iniciativa social mínimamente festiva y distendida por su propio bienestar egoísta e intolerante. Y pienso especialmente en los que lo hacen de la peor manera posible: llamando a la policía y poniendo el odio y "sus derechos" como bandera. En esta desgraciada ciudad, un solo vecino enojado e intransigente tiene la potestad para desmantelar una fiesta de 200 personas a las 8 de la tarde de un sábado en una galería de arte.

Y pienso especialmente en los que lo hacen de la peor manera posible: llamando a la policía y poniendo el odio y "sus derechos" como bandera. En esta desgraciada ciudad, un solo vecino enojado e intransigente tiene la potestad para desmantelar una fiesta de 200 personas a las 8 de la tarde de un sábado en una galería de arte.

Poco importa que en ese sitio la gente esté disfrutando, relajada, contenta y que, como consecuencia de ello, haya ruido ambiente, pongamos, hasta las 10 de la noche. Poco importa si, además, se está generando una actividad económica sana y que permitará generar, a su tiempo, más arte y más riqueza (o, mejor aún, más cultura). NO, lo que importa es que 1 sola persona está viviendo como un verdaderoacoso y una gran injusticia esta reunión social, como si fuese un concierto de Atari Teenage Riot en Berlín.
Llegados a este punto, usted, incapaz de relativizar la gravedad del asunto, mostrarse comprensivo o usar unos tapones para los oídos. O más patético todavía: estando usted en un estado de delirio tal que es incapaz DE SALIR A LA CALLE Y HABLAR COMO BUEN CIUDADANO CON LOS ORGANIZADORES para llegar a algún tipo de ACUERDO, apela al imperio de la LEY Y EL ORDEN.
Pongo la mano en el fuego de que más de la mitad de los desplazamientos de la policía de la ciudad vienen por este tipo de casos: MULTAR A GENTE QUE MOLESTA PORQUE SE LO ESTÁ PASANDO BIEN. No me jodan, vecinos amargados, LES ENCANTA QUE ALGUIEN LES HAGA CASO: qué gran placer tener a dos cretinos uniformados delante de su puerta, escuchando con pelos y señales sus grandes sospechas acerca de los ruidos que son tan insoportables o su teoría acerca de la legalidad del evento (del estilo "creo que no tienen escalera de incendios ni salida de humos, señores agentes, y me ha llegado olor a porro").

Carta abierta a los vecinos amargados :: Vanity Dust Blog

El Ayuntamiento, tan incompetente, obtuso y corto de miras como es, se toma en serio TODAS Y CADA UNA DE LAS LLAMADAS DE LOS VECINOS, con lo que contribuye DIRECTAMENTE A EXPONENCIAR LA HOSTILIDAD Y LA VIOLENCIA, haciendo del caso un verdadero CRIMEN DE LA DIVERSIÓN.
Quiero aclarar que ni tan siquiera me refiero al fenómeno botellón o a fiestas clubbers, hablo de actos que suelen estar en la agenda de cualquier revista cultural.
La situación, pues, no puede ser más desoladora: los organizadores viven con un miedo permanente a recibir multas de miles de euros, inspecciones kafkianas u órdenes de cierre. Los asistentes ven coartada su actitud al tener que bajar la voz, cambiar de acera, irse por cierre del evento, no salir con un vaso en la calle, no gritar, no subir el volumen, no salir al patio, no acercarse a esa ventana, etc. Sin posibilidad de lograr contactar con cierta cordura al vecino amargado, la comprensible paranoia de los organizadores se extiende a los asistentes, y el temor a que la policía pueda presentarse en cualquier momento genera un nivel de estrés y ansiedad visible que es sumamente entristecedor.
Consecuencia de todo ello: el cretinismo de los vecinos y la consiguiente intervención del imperio de la ley dificulta las relaciones sociales del barrio y el acuerdo entre vecinos y ciudadanos, la posibilidad de discutir y llegar a acuerdos COMO ADULTOS sin tener amenazas ni denuncias de por medio; se desprecia el acuerdo antes que la sospecha y se fomentan el hostigamiento y el odio deliberado. En vez de plantear soluciones conjuntas como 'un día por ti, otro por mí' o fijar horas de cierre consentidas por los vecinos (recordemos que hablamos de una inauguración de una exposición, no de un ritual satánico con fetos de por medio), o incluso de encontrar maneras de compensación, la guerra encarnizada y el mal humor toman las riendas de los eventos de la ciudad y merman, por consiguiente, el tejido social y la creatividad que emerge desde dentro de la propia ciudad.
Llegados a este punto, solo me queda por decirles, vecinos amargados, que 100 personas pasándoselo bien es un milagro tal y como están las cosas, y que 100 personas disfrutando quizás son una externalidad positiva para la ciudad, quizás más interesante y útil que su siesta o su sueño profundo con el gatito en los pies. Le recuerdo que, en los eventos de los que estoy hablando, lo que suele llevarse a cabo son presentaciones de libros, cuadros o conciertos de personas y grupos cuyo esfuerzo por sobrevivir merece un monumento, y que en la gran mayoría de ocasiones los organizadores de los eventos dedican una ingente cantidad de horas y recursos para cuadrar las cuentas. Detrás de las 100 personas (en el mejor de los casos, podrían ser 3, 20 o 30) hay mucho trabajo silencioso, organización y esfuerzo. Le recuerdo, también, que en la gran mayoría de ellos USTED TAMBIÉN ESTÁ INVITADO, INCLUSO PODRÍAN, NO SÉ, INVITARLE A UNA COPITA PARA QUE SE CALMASE UN POCO O, POR QUÉ NO, PRESENTARLE AL ARTISTA QUE HA ORGANIZADO EL EVENTO PARA QUE PUEDA CHARLAR CON ÉL Y VER QUE ES UN SER HUMANO CON INQUIETUDES.
Mucho me temo que, detrás de su ridícula llamada a la policía, se esconde una vulgaridad tan mediocre que, en un mundo un poco más cuerdo, sí debería estar penado por ley.
Llegados a este punto, vecinos amargados, les digo abiertamente que les jodan tanto como sea posible. Y confío en que, si siguen siendo incapaces de entender un poco mejor los eventos que burdamente criminalizan, el malestar les provenga de unas gloriosas goteras o una fuga en el aire acondicionado (el karma aprieta, vecinos amargados).
Por otro lado, deseo de todo corazón que les toque la lotería y puedan cumplir su sueño: COMPRAR UNA PETROLERA PARA QUE PUEDAN IRSE A VIVIR A TOMAR POR EL CULO Y CON MAGNIFICAS VISTAS A LAS PUESTAS DE SOL.
Con mucho ruido y onfireismo,
VD.