Camus Rickshaw

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Si deseo entablar una conversación sencilla con una camarera de buen ver, le susurro en la oreja un escueto anticlímax fuera de contexto. "Hace un mes fue el aniversario de la muerte de Albert Camus". Si es consciente de la finalidad erótico festiva de mi comentario -situación poco probable salvo en el París francés-, me pregunta en clara referencia a uno de sus libros, "¿Eres extranjero?", a lo que respondo, sin titubear, "salvo en mi estudio y mi casa de campo, sí, suelo serlo". Pasemos al ágil diálogo y dejemos las comillas para los curas.

-Entonces, ¿Tienes una casa de campo?
-Varias, de las cuales una te gustaría en especial, hay caballos y una piscina con forma de estrella.
-¿Pero tú no eres un intelectual?
-No hay intelectual contemporáneo que no conciba la vida al margen de asumir que está en un parque de atracciones. Por cierto, ¿Me equivoco o es una 95?
-Hay una leyenda urbana que afirma que también eres capaz de calcular el tamaño de los pezones.

-Sí, pero últimamente prefiero medirlo con la lengua, es más preciso.

-Salgo de trabajar a las 7 de la tarde.
-Está bien, te mandaré un rickshaw a recogerte, es muy afterpop, ya sabes. La clásica limousina la uso para eventos en los que hay fotógrafos y revistas de tendencias.

Al salir del bar, miro al cielo y pienso en Camus. Lo he logrado compañero, a día de hoy continuo evitando el suicidio con ciertos pasatiempos heterodoxos.

fuente imagen: http://psdblog.worldbank.org/photos/uncategorized/2007/11/14/rickshaw.jpg

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