cambio de curro

Acudes completamente ebrio a la clase de derecho y mientras intento disimular con poco éxito los eructos cerveceros, pienso lo siguiente:

No deberías haber quedado con tu excompañero de la E.S.O que acaba de salir de la cárcel después de 2 años de internamiento por lanzar la televisión por la ventana creyendo que unos bichejos verdecillos salían de la pantalla para comerle los huevecillos. Mató a un perro y a su dueña de 78 años. Sí, suena extraño el doble homicidio. La cosa es que el perro (típico chihuahua de 3 cm de alto por 1.5 de ancho) estaba meando justo al lado de la vieja, con lo que la televisión cayó encima de ésta para luego rebotar y aplastar el cuerpecillo zimbawense del susodicho perro. En el restaurante, mas bien bar con derecho a frankfurt, mi amigo expresidiario se levantó varias veces para introducirse polvos blancos por la nariz, con la pretensión de mantener una conversación fluida conmigo. Tenía la cabeza rapada y varias cicatrices esparcidas asimétricamente por el cuero cabelludo, fruto de, según me dijo, peleas por conseguir cigarros Marlboro en el trullo. Cuando veía como se levantaba para realizar el acto de esnifar, me fijé en que andaba con las piernas separadas y mostrándo cierta incomodidad y una mueca de dolor. Al preguntarle, me contó que sus compañeros de celda habían desahogado sus penas usando el orificio de su trasero, especialmente los últimos días, sabiendo que él se iría y que, por lo menos, tardaría algún tiempo en regresar. Le pregunté acerca de sus nuevos planes, una vez habiendo logrado por fin la ansiada libertad de respirar aire puro y poder mirar escotes de chicas jóvenes que van por la calle. "Algo de drogas", me dijo. Traficar, una buena salida para un tipo con tal actitud vital. "Necesitarás un contable, supongo, te recuerdo que no sabes ni sumar". "Sumar sí, respondió, pero no se aplicar descuentos por cantidad". Me sorprendió hasta la forma en que expresó tal desconocimiento matemático (posiblemente gracias a los efectos de la coca) casi como si fuera uno de mis compañeros de clase de contabilidad II que juegan a Nintendogs entre clase y clase. Sin dudarlo, me ofrecí para ser su asesor, rezando para poder aprovecharme de él todo lo posible y, ya de paso, dejar mi trabajo como dependiente del Pans&Company.

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