Macabro fin de mundo

Cabezas separadas de cuerpos sin vida, como esculturas dispuestas caóticamente por un artista macabro. Ríos de sangre que avanzan por entre los tropezones de carne fría. Hombres, mujeres, niños, perros. Muertos, muertos, muertos. Los vivos, los que siguen aquí, gritan. Algunos roban televisores de plasma. Es lo que tiene aprovecharse del fin del mundo con alta resolución. La mayoría lloran, o intentan hacer algo. Llevan tanto tiempo sin hacer nada fuera de cambiar la foto de su perfil de Facebook que no tienen práctica en quitarse vísceras incrustradas de encima.

He subido a la última planta del hangar abandonado. Tres plantas. Primera, repleta de obras apiladas en perfecto orden cronológico. Segunda, el gran estudio para 40 artistas. Tercera, sala para eventos especiales. Sabiendo que hoy es un día muy especial, todos hemos pensado lo mismo. Me siento con la energía de los 17 años, cuando 5 pajas diarias no eran suficientes. Por el camino he recogido entusiasmado 4 cabezas, con sus respectivas cabelleras. Acario el pelo la cabecita de un gato bebé. Tiene los ojos abiertos y la boca apretada y tensa. Quizá sus antiguos dueños colgaron una foto suya en una carpeta de Flickr. Siempre he querido tener un loro y ponermelo en el hombro. Es demasiado tarde, me contento con ponerme la cabeza del gatito en el hombro izquierdo.
Tercer piso, un hombre de seguridad se encarga de dar un puñetazo en el vientre a los recién llegados. Cuando me toca a mi, consigue dejarme en el suelo. Me patea. Minutos después recupero la consciencia. Recojo la cabecita del gatito y sigo adelante. Los baños están atascados. Una chica se refriega por la pasta formada por la mierda y el meado. Grita de placer. Parece feliz. Me cruzo con un tipo que me suena, creo que es un conocido director de snuff movies. Hoy es su día de suerte. Nuestro día de suerte. El fin de los deseos, la culminación de todos ellos. Un grupo de 7 personas han escrito a mano en sus camisetas, “kill me". Curiosa interconexión mimética, yo llevo una camiseta con “vanished" escrito. El ambiente destila putrefacción y categoría tuberculosa. Tres chicos golpean su cabeza contra la pared. Al fin, uno alcanza la muerte, sus sesos forman una moqueta de aterciopelada merecedora de ser lamida.
Las últimas horas de la Historia de la Humanidad discurren en un térbulo zig zag. La moralidad ya es cosa de ranciedades organizadas. La felicidad un liofilizado de la plena existencia. Subo las escaleras que llevan al tejado. El cielo arde, la ciudad se reduce a cenizas. Es hora de saltar, me digo. Lo que dignifica este hangar de perturbados y dementes es que cada uno de nosotros, en contra de lo común de los seres vivientes, es que estamos eligiendo cómo morir.

Dejo que mi cuerpo ceda ante la gravedad. Un
escalofrío sereno recorre mi columna vertebral. El impacto rompe mis piernas, destroza mis pulmones. Mientras muero, la cabecita del gatito cae a mi lado. Está sonriendo. Pierdo los sentidos. Mi sangre mancha la tierra, se funde con ella. Muero.

“vanished”

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