Brunch Électronik con Mathew Jonson, Marionette y los paraguas en plan techno in the rain

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Cuando llegué al Poble Espanyol el día se aguantaba milagrosamente (vaya drama empezar hablando del tiempo, ¿no? Una crónica electrónica que empieza como una conversación de ascensor, mal) y, aunque a esa hora el Poble Espanyol todavía no estaba petadísimo (pero sí muy lleno, hay un matiz ahí), el Brunch Électronik lucía gris pero festivo. Al entrar, suelo tener un mini-ritual no confesado hasta ahora, y consiste en situarme detrás de todo de la pista, en la parte elevada y cerca de la zona del papeo burger, y contemplar el jolgorio de la pista. Me siento como un dj invertido, todo el mundo de espaldas a ti (mirando al dj, claro), y tú elevado por encima de todo el mundo. Si la plaza está manejable y la gente está on fire pero metida en la música (es inevitable jugar a esgrima para sortear algunos indeseables y brazos con móviles desbocados), las vistas son agradables (en todos los sentidos, of course, aunque con un cielo tapiado el panorama era ligeramente menos sugerente).

Francesco Tristano, muy agitado y sonriente, se entregaba deleitando al personal con un flow más cañero del que recuerdo la última vez que estuve chequeando su SoundCloud. Cuando vino el pasado Sónar, recién estrenaba su live, y es impresionante ver lo cómodo, saltarín y en forma que se presentó en el Brunch Électronik lluvioso del pasado domingo. Corrían por ahí su hijo y su mujer, y me pregunté: ¿y este pequeño irá al cole el lunes por la mañana? Imaginemos:

Maestro/a de su clase: ¿Qué habéis hecho este fin de semana, mis queridos y atentos alumnos?

Alumno Random: Estuve jugando al Scalextric con mi padre.

Alumno Random: Yo fui al parque con mis abuelos y alquilamos un barquito.

Maestro/a de su clase: ¡Muy bien! —y mira a un chico con ojeras y una camiseta que pone 'Keep Calm and Play the Techno Piano y dice: ¿Y tú, Tristano Piccolo? (algo así como Tristano Jr.)

Tristano Piccolo: ¡Yo estuve en un Brunch!

La maestra/o, que no está muy metida en estas movidas (lo suyo es el swing los sábados por la mañana en la plaza del barrio), le pregunta que cómo se lo pasó y que si había ido con sus padres. Y Tristano Piccolo, tal cual (ya sabéis como son los niños), le suelta —Pues fue extraño, profe. Mi padre, en vez de sacar de la cesta de mimbre mogollón de comida, comenzó a sacar cables y máquinas y a subirlas en un escenario, ¡mucha gente estaba mirándole! Luego se puso a tocar todos los botones y unos altavoces gigantes hacía bum, bum, bum. Con mi madre fuimos a buscar una hamburguesa, ¡muy buena!, y entonces vi a un chico raro mirando a la zona del Brunch Électronik (había mucha gente, profe, como en un partido de fútbol de esos de la Copa del Rey en los que el Barça o el Madrid juegan contra uno mal0 de segunda B, ¿sabe?), vi que tenía la frase de Winners don't use drugs en la camiseta y algo así como Vanity Dust writing no sé qué, y mi madre me dijo "¡No mires a ese chico! Estos son los que no le gustan a tu padre, ¡degenerados!". Así que nos volvimos al lugar con menos gente y mi padre bajó y estaba muy contento. Luego subió otro señor e hizo como mi padre, ¡pero lo que salía por los altavoces no me gustó tanto!. Mi papi es el mejor, desde que dejó un poco de lado el piano y se puso con esas máquinas, mucha más gente joven y un poco loca pero sonriente viene a verle. Además, creo que antes de bajar tocó algo así (y tararea algo).

Los chavales, con esa timidez tan característica de su edad, enmudecen, salvo el garrulo que toda clase tiene por mera cuestión estadística que se las da de graciosete cuando el ambiente se pone raro: vaya, que tu padre la ha vuelto a liar, ¡ja!

Francesco Tristano

Me informan de que en el Facebook del Brunch Électronik han informado de que darían chubasqueros si se ponía a llover, y eso me parece más que razonable, como también me parece razonable que cacheen a los niños en la entrada. Esa mañana había entrado en su Facebook para chequear el horario del lineup, y me fijé en las valoraciones de algunos daddies & mummies que ponían un mísero 1 al proyecto del Brunch Électronik sencillamente porque habían registrado a sus hijos. A ver, family, que seáis ejemplares y vuestro mozo saque buenas notas en el cole y se lave los dientes 3 veces al día sin rechistar, no significa que el segurata que está en la puerta lo sepa, ni tiene el expediente académico a mano. Para padres y madres dealers o que, por la cara, están dispuestos a usar a sus hijos como un medio para entrar movidas y hacer business, no hay una señalización especial ni un detector de padres dangerous. Por eso, se cachea al niño, a la family, y todos tranquilos y a bailar. Incluso un filósofo ya algo caduco como Zygmunt Bauman lo dejó claro cuando hablaba de la sociedad del Miedo Líquido: nuestro mundo mediático está siempre listo para una buena acción violenta que ponga del fuckin' revés una ciudad, un país, un continente o la rueda trasera de tu moto. No mezclemos una medida de seguridad con han registrado a mi hijo. El tema son los lugares con mucha afluencia de público, y si no lo tenéis claro siempre podéis poner un 1/5 al Aeropuerto del Prat o ver qué tal van las medidas de seguridad en Disneyland.

Marcado este apunto de temple filial, veamos a Fairmont subir digno, esbelto y lúcido al escenario. Fairmont tiene un talento admirable: tiene el olfato de hitazo de Maceo Plex (por ejemplo) pero la sensibilidad de un Apparat o, pongamos Pantha Du Prince.

Esta combinación más refinada hace de él un artista mucho más complejo que el de máquina de temazos de temporada, le ubica en una encruzijada que muchos ya querrían: no deja de sorprender, ni de producir, y se lo rifan sellos en los que es imposible decir que no. En su carrera acumula tres álbumes, y es no es poco, más bien todo lo contrario. Lo interesante, sin embargo, se encuentra en su continua e imparable producción de EPs: sacó 1 en 2011, 1 en 2013, 3 en 2014, 1 en 2015 y otro este mismo 2016. La constancia, como diría cualquier neurocientífico, es una de las claves del progreso y la mejora en las artes y en cualquier oficio. Y Fairmont lo sabe bien, y su live está tan delicadamente producido y estructurado que a veces dudo de si estoy escuchando un set o un live. Y brindo por ello con la tercera birra y un nuevo Manitou con papel marrón (el cielo tiene una pinta similar). Porque, sí, temas como este son para la épica:

Close Your Mind | Fairmont | My Favourite Robot | iTunes

Decido dar otra vuelta por el recinto y repetir mi ritual de situarme detrás de todo y poder embadurnarme con los brincos enérgicos de los brunchers, y en ese momento caen las primeras gotas y suena Close Your Mind.

Fairmont | Brunch Électronik 2016

Lo que está cerrado es mi intuición, porque no se me ocurre nada mejor que sacar el iPhone y ponerme a grabar en modo Instagram. Quizás os habrá ocurrido, cuando la pantalla se moja, pierde la sensibilidad del dedo por mucho que aprietes como un condenado. Y, claro, al llover, aunque la limpies vuelves a estar en las mismas. El parabrisas del coche es el paradigma de cómo parar la lluvia: en loop. Tras limpiar la pantalla en más de dos o tres ocasiones, perdiéndome parte de la atención al brutal track, reconozco mi fail y me contento con sacar una foto, desde un lateral. Me encanta ver los paraguas arriba, del palo: por cuatro días al año que llueve en Barcelona, no nos vamos a quedar un domingo en casa pudiendo petarlo. Esa es la actitud, claro que sí, leñe.

Brunch Électronik 2016 | Vanity Dust

Sé que sonará muy groupie, pero para mí Mathew Jonson es determinante en lo que a mí inmersión en la electrónica se refiere: he hablado de él y de su track Marionette chapuceramente en este mismo espacio durante años, en algún que otro post que he intentado recuperar —y que recomiendo no leer, mi época de blogger compulsivo no ha envejecido con la clase de un track de Fairmont—. Para los que queráis reíros un poco de esto, aquí van: 20082009, 2012, y en este otro creo que digo que hablé con él en un par de ocasiones (la primera la recuerdo muy fuerte, la segunda puede ser ficción o un sucedáneo).

Solo alguien como Undo podía definirlo con tanta nitidez:

«Hubo un año que fue de Mathew Jonson»

Cuando el minimal se abría paso saltándose cualquier intento por suavizarlo, y reventaba esquemas adormecidos y conquistaba islas, podcasts y tiendas discos, Mathew Jonson lanzó un mazazo visionario. Marionette, que lanzó en su propio sello Wagon Repair, es de 2004, y Typerope es de 2003. El minimal, por aquel entonces, se comenzaba a intuir como camino más que atractivo y Mathew Jonson ya estaba ahí. Sin embargo, sus tracks van más rápido y lucen más liberados que las producciones míticas que llegarían en el true boom del minimal hacia 2006-2007. Lo más heavy es verle ahora, tan risueño y alejado de esa imagen estilizada que todavía conserva en sus fotos de perfil, Mathew es, de calle, el que viste más cómodo y el que luce más frescote de los que nos encontramos ahí, y despega con su live sin pestañear (y compensándolo con una sonrisa de oreja a oreja y unos brincos de aúpa).

Marionette, techno in the rain y Brunch Électronik

Os lo creáis o no, lo cierto es que escucho la melodía de Marionette desde el baño, imagino que es una sensación parecida a ser un aficionado al fútbol y escuchar ¡goool! mientras estás comprando un frankfurt o haciendo cola en tu estadio (ese que tantas alegrías, patiments y emociones te ha dado). Salgo lo más concentrado y firme posible y me acerco al lateral desde el que puedo ver cómo ese track que tiene 12 años y que me abrió las puertas a lo que hoy es un pilar fundamental (o una muleta para cojear menos, según si el vaso está medio lleno o queda apenas un trago caliente) de mi constitución genética (como ente imaginario, parte de mi ADN es musical, si me hiciesen una radiografía, una parte de mi cuerpo tendría pinta de STEMS. Mathew Jonson está viendo un séquito de paraguas pegar brincos delante suyo, y yo no acabo de tener claro si llueve o ya ha parado, al fin. Mientras los acordes de Marionette se despliegan y dan paso a una inclemente percusión, casi deseo que llueva, y mucho. Aquella vez que hablé con él en un OffSónar (todavía se llamaba OffSónar en vez de OffWeek) en Hangar, las cañerías del baño habían petado y había un par o tres de centímetros de detritus flotando por toda la pista. Que una llovizna adorne el Brunch Électronik es casi una parodia de aquella noche. Algo me dice que, mientras Mathew Jonson tenga cerca sus máquinas y una crew dispuesta a bailar sus tracks on fire, ya puede caer un chaparrón o ya pueden explotar los desagües de la ciudad en plan tsunami. Él no dejará de sonreír en las alturas.

Mathew Jonson | Brunch Électronik

 

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• Mathew Jonson: SoundCloud / Wagon Repair

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