Un inesperado (re)encuentro con Ellen Allien en el mejor de los mundos techno

Serán sobre las 10 de la noche del domingo. Hace horas que no miro el reloj. El ambiente es lisérgico y las 10 horas que llevo de viaje han ido posando sobre mi cerebro los beats insaciables de Panorama Bar. Dando una vuelta por las celdas metálicas de la parte trasera, me dejo caer en la barra para pedir la enésima cerveza. Distraído, extasiado, cruzo mirada breve con una mujer de pelo liso claro y maquillaje alrededor de las pestañas en formas de tatuaje. Viste una camiseta de tirantes larga y una chaqueta negra. Unos pantalones pitillo blancos con rayas negras, pero discreto, de látex. Está en medio de una divertida conversación con una amiga, rubia y bien alemana, en un estado de absoluta cordura y relax. De fondo, las paredes prosiguen su particular ensamblaje de la maquinaria techno. Un fuerte deja vu cuando me sirven la cerveza. Es Ellen Allien. Pedazo de Panorama.
El inesperado encuentro con Ellen Allien
 
La reconocí por su particular finura en los movimientos, y por esa fina línea de maquillaje que se desprenden de sus ojos. Única, guapa, inolvidable, sublime.
 
Ellen es, sin duda, uno de los emblemas de la electrónica contemporánea, forjada como dj tras la caída del muro, habiendo pinchado a lo largo y ancho del planeta, desde raves perdidas hasta todos los grandes festivales. Desde mis 17, hará cosa de 10 años, es una de mis musas. Viene regularmente al Apolo, especialmente en épocas mejores para la salud de la electrónica en Barcelona. En sus sets, me postraba delante de la tarima y me pasaba las tres horas de rigor pegado a la tarima, ojos cerrados, o mirándola fijamente, como buscando esa sonrisa y guiño que tarde o temprano siempre caía. Guardo, en concreto, tres momentos junto a ella.
1. Momento groupie entregado
Muerto de sed, ya en el cierre, a eso de las 6 y pico de la mañana, estaba deshidratado porque pasaba de ir a la barra a pedir algo. Era demasiado bueno para moverse hacia otra cosa que no fuese bailar. Le pedí agua a Ellen. No dudó ni un segundo, salió de la mesa de los platos y me ofreció su botella de agua. Tenía rastros de pinta labios y sabía a tabaco. Uno de los mejores tragos de mi vida.
2. Momento fan feliz
Era una noche del sello BPITCH CONTROL. Su sello, creado por ella. Llevaba un rotulador de punta gruesa negro en el bolsillo. Pinchaban Sasha Funke, Paul Kalkbrenner y Ellen Allien. Para que conste la hipocresía generalizada, en aquellos años nadie conocía a Paul Kalkbrenner. De hecho, la gente confundía a Sasha con Paul, y les importaba tres pepinos ese tío. Uno por uno, desde Sasha a Ellen, les pedí que me firmasen la camiseta. Lo hicieron encantados. El mejor caso fue el de Ellen. Cuando se encendieron las luces, ante mi insistencia y la de algunos petados más, Ellen se acerco al borde de la tarima para cambiar unas palabras con los entregados groupies. Saqué mi rotulador y se lo di. Vio que en la parte del pecho me habían firmado ya Sasha y Paul así que, sin dudarlo, me dio la vuelta y me firmó en los hombros con letra de niña pequeña su nombre y un enorme Happy Face. La gente se desesperaba por tener, de golpe, también un autógrafo suyo. Pero yo ya estaba de camino a la salida con una sonrisa happy, de las de verdad.
3. Momento funny-weird.
Ellen se fijo en otra noche con mi particular modo de bailar durante horas seguidas con los ojos cerrados y contorsionándome como poseído. Nos cruzamos en la salida, ella con su maleta de discos, yo fumando y tomando el aire tras la maratón. Me dijo, "you are the guy that dances crazy all the time". Y nos despedimos hasta la siguiente.
Ante este recital de casualidades en Barcelona, quién me iba a decir que, tras diez horas de bailar y corretear por Berghain, al caer ya la noche de domingo, me cruzaría con Ellen en el mejor de los escenarios posibles.
Tras esperar a su lado, interrumpí educadamente la conversación con su amiga.
—¿Ellen Allien?
—Yes.
—I'm from Barcelona. I've grown up with your music since I started with techno— está preciosa, como si los años no hubiesen pasado desde los primeros encuentros.
—Oh, that's sweet. Thanks.
Paso a contarle los tres momentos mencionados. Escucha con atención. Sonríe. Al explicarle lo de la firma en la espalda, repito su firma en su espalda. Acaricio sus hombros con una suave firma que reproduce su Ellen Allien con tipografía de niña.
Sin nada más que añadir, habiendo dejado constancia de lo que quería decirle, nos despedimos con una sonrisa cómplice y ella sigue su conversación berlinesa y yo prosigo mi periplo por el templo del techno más fascinante que haya existido jamás.