Ataque al presidente de la República de la Vanidad

Presento la crónica en exclusiva mandada por Silvinho Berrusconi al canal de noticias Vanity.

Silvinho Berrusconi, República de la Vanidad 13-12-2009

Me disponía a entrar en el coche blindado tras saludar a la masa que lleva idolantrándome como a un Dios desde que subí a la presidencia. Veía caras de estupefacción y satisfacción. Lo habitual. Mi dinero es la mejor tarjeta de presentación para los que no llegan a final de mes. Les gusta la humillación económica y adoran a los que tienen más poder que ellos, en un acto de flagelación que mi colega Adolf proyectó por primera vez en la faz de la Tierra. Todo iba como una seda. Martina Riccoleta me esperaba con su minifalda de palmo y medio y su 100 de pecho (adoro los números redondos) dentro del vehículo (pagado por el Estado pero para mi uso personal) y se disponía a la tradicional mamada postmíting cuando ocurrió todo.

Los malditos enfermos mentales, que también me votan pero son realmente inferiores y débiles, siempre me acosan cuando están a punto del brote paranoide. Creen que soy una especie de Stalin intergaláctico que confabula contra ellos. Obviamente, tengo mejores cosas de las que ocuparme, y suelo obviar sus amenazas. Dedico mi tiempo a pensar en como privatizar la sanidad y que esta panda de cerebros deformados se quede sin asistencia y puedan, por fin, pasar a la indigencia. Es lo que se merecen. Martina me desabrochaba el pantalón con ansia, feliz por el aumento de pecho (pagado por el Estado) y alegre por la subida de sueldo (pagado por el Partido) cuando de la multitud salieron dos ojos entornados, negros y ojerosos. Pelo alborotado, sucio y casposo. Ropa de pana. Asqueroso. El loco levantó la mano y pude ver una figurita de una pirámide. Pensé que era un sumiso más que quería hacerme una ofrenda. A veces me regalan comida, peces, flores, zapatos, dinero, móviles, pósters, fotos, rebanadas de pan. Y no sería la primera vez que me regalan una pirámide de mierda. En pocos segundos Martina me la estaba chupando y cuando cerré los ojos para notar sus labios en mi prepucio recibí un crudo impacto en los dientes. Joder, qué dolor. Creo que no sufría tanto desde que se me infectaron los huevos por una triple mamada interracial, que se descontroló cuando vi que una de las chicas llevaba peluca y al darle un tortazo mordió mi escroto.
Me puse las manos en la cara, estaba sangrando. La sangre azul no debe desaprovecharse. En sí misma vale dinero. La multitud clamó en pro de mi salud y de mi integridad como político de primera fila. El loco, el de los ojos oscuros y mirada de zebra en celo, quedó sepultado por un sin fin de manos y piernas que pateaban su asquerosa figura. Suerte que el pueblo es fácil de dominar. Mis hombres de seguridad, bien pagados pero igual de estúpidos que Martina, miraron alrededor y localizaron al demente. Este tipo acababa de sentenciar su vida. Lo que me irrita es que sus 10 minutos de fama me costarán varios miles de dólares. Estoy cansado de tantos liftings, pero este será, quizá por primera vez, el único estrictamente necesario. Martina sacó mi polla de su boca y comenzó a lamerme la sangre, ya dentro del coche, protegido. La monté encima mío y le aticé el culo respingón. Es espléndido el dolor sincronizado con el placer carnal.
Antes de eyacular en sus tetas (recordad, una 100) salí del coche con un bate de béisbol que siempre guardo en el maletero interior. El zumbado estaba inmobilizado con las esposas puestas y le golpeé con el bate sus dos pies. La idea es que nunca más pueda caminar erguido, así entenderá lo que siente un réptil. Mi poder es pedagógico.
Terminado el incidente y aburrido como siempre, Martina me la chupó y me dijo que la semana siguiente cumplirá 18 años. Quizá sea hora de despedirla. Mi poder es, repito, pedagógico.
Le dediqué un minuto más de mis pensamientos al ser inferior paranoide de la pirámide. La medicación psiquiátrica está al servicio de los perdedores. Es una señal, tengo que invertir más en el sector farmacéutico y camuflarlo como voluntad de ayudar a África con las empresas de medicamentos. Ya pienso en el titular "Berrusconi se involucra en la salud del continente africano".

Lo que sigue no lo publiques, es un juego por la confianza que me profesa tu labor como escritor.

Llamo a Vanity para pedirle el teléfono del cirujano de Miami. Responde su secretaria, está ocupado viendo Lost Highway de David Lynch. Este jodido mamón siempre está rodeado de mierda psicótica. Malditos artistas. A las dos horas de llamada en espera, Vanity responde:

-Acabo de verlo en la prensa, te han jodido bien, ¿eh?
-El clima está tenso, ya sabes como son los analfabetos, te adoran pero a veces no saben controlar su desdicha. Y el hijo de puta tenía buena puntería. Pero el plan ha funcionado, ahora daré pena y sensación de fragilidad. En otras palabras, más votos.
-Te vas a Miami ¿no? Ya de paso, pide todos los dientes de oro y ponte una buena monstercock, las de 35cm están de oferta.
-Gracias. Recuerda: opio, armas, acero, lenceria, mujeres, televisores, apartamentos en la costa croata. cocaína pura, jacuzzis, elefantes rosas. Lo que necesites.
-Alá es grande.
-Amén.

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