Apuntes de una boda en el Perigord (1). En direct sûr mon iPhone

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Intro

Mentiría si dijese que el viaje al Perigord me ha dejado con resaca. Las bodas francesas tienen un flow diferente. Alcohol moderado, drogas inexistentes, techno ausente. Pero, jugando fuera de casa, no importa. La épica de la borrachera de la noche de la boda no existe como tal. O, por lo menos, no es esa la liga en la que juegan las clases acomodadas francesas, solventes y cultas, con las que me junté en esta ocasión de "marriage" tan cercano. En resumidas cuentas, en las bodas francesas los invitados no follan entre ellos.

Context

Era la primera boda de mi vida (anteriormente había usado trajes para entierros, fiestas del "tanga" y la presentación de Google Earth en España). Nadie en mi entorno próximo de adictos al crack y al dinero se ha tomado en serio esto de casarse. Lo que me parece de lo más normal. Solo Christophe. Así que se lo perdonamos.

Mi traje

Esta vez llevaba buena merca como traje, camisa blanca a rayas finas gris claro y corbata como fucsia ácido. Como un color comestible, especialmente para mujeres sensibles al descaro.

La casa y las movidas

La casa de la novia era grande e idílica. Árboles, césped, terreno irregular, varias hectáreas, piscina impoluta. Y estilo colonial en el interior. Pas mal. En su choza, en la que raramente se han hecho fiestas decentes (todos los miembros de la familia son poco dados a la noche), tuvieron la mayoría de actos potentes. Cena tradicional alsaciana, encuentro postboda a base de champagne y foie gras. Party noctura de terrorismo musical. Y desayuno en el césped.
Estamos, pues, hablando de una boda de cuatro días. A lo gitano, pero convertido en lo chic francés.

Peña

Vinieron amigos de París, primos, hermanos, y algunas amigas notablemente follables. Incluso simpáticas. Lo que ocurre con ciertas francesas es que apetece más leer a Shakespeare en chino y fumando eucaliptus que tirártelas y quedarte dormido debido a su ritmo pélvico muy low profile.

Noche

Tuve que salvar la noche. No exagero. La música era tan basura, una especie de cruce entre lo peor de MTV (imaginaos) y lo peor de la cultura popular franchute. Damn. Merde. Mi lista de reproducción en iPhone lo peto. Ya sin mi corbata fucsia acid, coreado por un bussinessman de NYC, enchufé mi cacharro en los altavoces y sonaron cosas comerciales pero FUMABLES. Crystal Castles, Doors, Maya Jane Coles, movidas así. El escaso público restante, unos 20, lo petaron y bailaron como yonkies recién aprovisionados de merca.

Durante la noche de bodas montamos un fiestón al lado de la piscina, pero los franceses tienen una relación masoquista con la música. Se TORTURAN voluntariamente. Ponen cosas como Elvis y luego "El ritmo de la noche" y luego rollo Julio Iglesias francés y luego Bon Jovi. Un suicidio colectivo de proporciones descomunales. Es como si de tanto amor les entrasen ganas de joder algo, y como no pueden joder su salud porque beben poco y no toman drogas, se revientan el tímpano a lo pro.

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