Apertura primaveral

Cuelgo el teléfono y me doy cuenta de lo extraña que está siendo esta Semana Santa. Los curas son acusados como nunca de pedófilos, y mi iconoclasta figura deambula con una botella de cava Freixenet abierta toda la tarde mientas cae piedra desde el cielo. Gris.
Desde el auricular, Afro me cuenta que ayer lo expulsaron dos veces de la misma discoteca, la primera por haberse colado y, la segunda, por meterse en el baño de chicas a dormir.
Los días anteriores, he estado grabando un corto sin argumento, sin lógica, sin preproducción, que ha salido como ha salido, una estética de la soledad retrotraída al presente, reconstruída cuando nunca fue nada. Pero existió, el día en que me quedé en casa con un montón de libros y una cámara. Y grabé.
Me levanto del sofá chaise longue y me sirvo una copa de Martini.
-Venimos-contesta Afro, y me cuenta toda su noche de borrachera.
Intento plantearme por qué tanta gente a mi alrededor ha tratado de suicidarse esta Semana Santa. Todo lo que se me ocurre es desterrar una de las lecturas para este semestre "La retórica de la publicidad". Quizá es por esto, es excesivo sobrevivir ante la multitud de estímulos y deseos saciados que acumulamos desde nuestro nacimiento. Y quizá uno dice basta. Tienes 24 años, una carrera terminada o a punto de estarlo. Has estado toda tu vida viendo en la tele niños africanos muriendo. Y los que supuestamente deberían haberse ocupado de ello no han hecho nada. ¿Qué coño hizo la generación de la democracia a parte de mirarse el ombligo y ahorrar para una segunda residencia?. NADA. Ahora, se supone que te toca a ti, ya formado, maduro. A arreglar el mundo. Comprendes, llevas meses fumando, quizá años, o décadas. Qué importa. Lo único coherente que logras hacer es drogarte en su justa medida.
Pero no te gusta el tono que está tomando este post.
Antes de colgar, he hablado con tres vecinas.
-¿Hay una fiesta en el primero?-Me sacudo la boina y aparto la niebla inexistente en el recibidor.
-Bueno...puede ser.
-Por eso lo pregunto, ¿Llegará más gente?
-Es posible, serán los del otro piso, nosotras somos del segundo.
Estaba hablando con una madre y sus dos hijas de 7 y 9 años.
La camarera marroquí era una maravilla. Su hermosura, parsimonia y convencimiento con que servía [etc]
Se levanta Pablo. Más bien dicho, reaparece en mi campo de visión. Estaba meditando, dice.
-¿Has estado en Ibiza?
-En 1944, durante el Holocausto.
Deportaban a los presos con gafas de sol Dior y los metían en discotecas durante más de 50 horas seguidas. Sin drogas. Pinchaba un tipo con los ojos azules, pelo rubio. Llamado Kunt E. Vorzinger. Ahora es un DJ de culto. No se encuentra en Spotify.
Por entre los 498 posts, hay alguno que toca el semitismo, según algunos historiadores algo nefastos. O quizá el era el anti. No, no puede ser, soy hoscamente apolítico. Pero un profesor mío comentaba que no politizarse es una forma de politizarse.
Pablo levanta el brazo, y lo mueve de izquierda a derecha, según mi posición. Si mi visión fuera cinematográficamente tridimensional, tan sólo podría afirmar que "los está moviendo", pero no podría afirmar exactamente desde qué ángulo. Es el problema de los narradores omniscientes.
No te preocupes, oh lector, Vanity no recurre a los posts plenamente aleatorios salvo en ocasiones contadas, cuando sus manos y su mente funcionan disconexamente, fruto de una laxación en su exigencia argumentativa.
Le leo esta frase en voz alta a Pablo y la rechaza. "Te has pasado, dice". -Es posible que no la haya entendido pero le cuesta aceptarlo-. Del mismo modo que a mi me cuesta aceptar que no es buena.
Caigo en la cuenta: desde que he colgado el teléfono ha pasado casi una hora aporreando el teclado. ¡Sin orden! Maldita sea. Rendir cuentas ante los posts es una actividad a la que no rindo pleitesía, y a veces, mejor recién comenzado el mes, no es del todo negativo dejar supurar los poros infectados.
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