Al encuentro del after choni en la Deep Spain. Bailas techno o k ase.

—Que no. Que yo paso ya de buscar más —Bret quiere retirarse de la batalla. Está deseando bajar revoluciones tras el festival que nos hemos pegado en un garito con altavoces de ordenador y un dj gordo con un talento de músico parecido al un vegetariano trabajando en el McDonald's. Ni media entrada, con camareras que estaban relativamente buenas pero bailaban al estilo Gangnam Style disléxico.
—Pero, joder, tus mandíbulas así lo dictan, estás deseando encontrar el after tanto como yo. No me seas mindundi —gesticulo en exceso, me pongo las manos en la chaqueta y fumo únicamente con el cigarro pegado a los labios. En plan Mira mamá, sin manos. El after está más cerca de lo que crees, le digo, puedo olerlo igual que un gramo de Speed a 10 kilómetros de distancia.

Seguimos caminando por una calle que tiene un Mercadona; supuestamente el after tiene que estar casi al lado. Ni rastro. Es hora de preguntar. Pasan tres hipsters rurales bastante petaos y les pregunto por el antro. Se llama la Selva lo que estáis buscando. Genial. No veo nombre mejor para un guateque a las ocho de la mañana en la Deep Spain. La quinta ciudad de España, nos decía el taxista por la mañana a nuestra llegada. Para estar orgullosos, claro que sí. Especialmente por la tarifa que nos está cobrando, al nivel de una ciudad como Nueva York. Y no es que tenga nada en contra de su ciudad, caballero, pero como comprenderá me quedo con Nueva York. Y lo de la quinta, depende siempre del nivel de pivones. Y, como sabemos, en Valencia se llevan la palma con las minifaldas que, a fin de cuentas, es lo importante. Porque esto de 'la quinta de'...¿Te fiarías de un colega que te dice me he follado a la quinta tía de clase más pivón? Nein.

—Vamos, Bret, aguanta, joder. No te comportes como si estuviésemos subiendo al Everest sin botellas de oxígeno. Anda. ¡Mira!, ¿ves aquella luz moribunda de ahí? Eso es un segurata serbio seguro. ¡HELLYEAH! Estamos salvandos, ¡joder! ¡A petarlo! —Bret trata de simular una alegría parecida a la mía, pero en realidad se caga en mí. Estaba seguro de que no encontraríamos nada y él podría pegarse la sobada madre. Pero ya in extremis, minuto 92 del partido, Leo Messi se saca de la manga un golazo desde fuera del área. La selva. Saludo a los porteros serbios, con esos anoraks que llevan todos los porteros, así acolchados, con capucha de pelusa, normalmente negros o azul oscuro. Me devuelve el saludo y observa mis pupilas shiny style.
 —¿Diez pavos? Paso —Bret está en modo queja constante.
 — Me lo vas a agradecer. Ya te invito yo, leches. Para que la pasta no sea una excusa. Diez pavos con copa. Así que a por un par de gintonics en este zulo.

Le pago la party a la chica que nos da las entradas. Bajamos las escaleras, voy delante, me giro y le guiño un ojo, como diciendo, ¡ya verás la que se cuece aquí!

Un grupo de seguratas serbios antes de dedicarse al mundo de la noche.

Efectivamente, los afters tienen algo de universal. Son pequeños, están hechos mierda, huelen a cerrado  y se puede fumar. El suelo está como tapizado con metal. La iluminación es pésima, y la música no está mal. Infinitamente mejor que en cualquier intento de discoteca de las que hemos estado. Pero de lo universal pasamos a lo concreto: las chonis de la Deep Spain. Suelen tener más de 28 años, un cuerpo escandaloso, unas tetas teen extreme y un culo tan perfecto como un iPhone 5. Una de ellas se abalanza sobre mí.

—Ola k ase. Tiene merca o k ase.
—Bueno, bueno, bueno, moza —me retiro un poco. Es fascinante encontrarte a gente absolutamente materialista, ciega, interesada y con escote a los ocho de la mañana.
—Tengo merca. Pero te la tienes que ganar o k ase. Anda, vamos al baño, así intimamos.

La invito a la clencha pertinente y mientras se agacha con el rulo empotrado en la tocha confirmo la teoría: en la Deep Spain los tangas TP (Todavía lo Petan).

Salimos del baño y me presenta a la morena (siempre hay dos chonis que llevan la voz cantante, una rubia de pote y mechas y otra morena). Por mi parte, les introduzco a Bret, que saluda con un énfasis parecido al de un cura dando el pésame en un entierro.

Hablo con la morena. Esta vez tomo yo la iniciativa:

—Ola k ase. Quiere merca o k ase.
—Hoy ha sido mi cumpleaños. No tomo nunca drogas. Hay mucho deporte y soy sana.

Me la miro en plan «¡jajaja! ¡anda! Vamos al baño, cachonda» Pero habla en serio. Reconozco que me deja algo descolocado que una choni en un after no se drogue, pero ya sabemos que en este país suelen pasar cosas difíciles de explicar.

Bailo por ahí mientras Bret pide los gintonics. Felicito al dj por su enorme trabajo. No es fácil pinchar con cierto nivel en la Deep Spain siendo local y no el típico dj famoso al que le pagan un huevo y es más macarra que el segurata serbio. David Guetta, por ejemplo.

Las chonis en su salsa. Unas contorsiones de erección directa. Me presentan a una gorda simpática. Me ve un tío enrollado, así que me pregunta:

—Ola k ase. Tiene Tuite o k ase.
—Tengo Twitter. Anda búscame. Me agrega. Tiene 22 seguidores. Trabaja en el Häagen Daz.

Mal rollo de golpe. La rubia parece alterada. Y eso que hace pocos minutos me estaba contando que era bisexual y que se follaba todo lo que le apetecía.

—Tú ere gay o k ase.
—Nein.
—Nein o k ase —parece no entender muy bien de qué va el tema.

Le hablo de Berghain. «¡Yo quiero ir!» Dice esperanzada, como el que se motiva a robar un día de rebajas.

Me pongo un rato en la barra con Bret. Se lo está pasando bomba. A su manera.

—Es la primera vez que estoy en un after, debo reconocerlo —afirma Bret.
—Joder, a tus 24. Y lo tenías oculto, ¿eh? Si, porque ahora ya he estado en uno. Es como cuando eres virgen, no lo reconoces hasta que dejas de serlo.
—Siempre tan hábil. Como en tus novelas.
—Bueno, eso es otro tema. Pero ahora que lo comentas, ¿no te ralla que a tus 28 no hayas escrito todavía una novela en solitario?
—Pues claro que me ralla. Soy incapaz de pasar de las cuatro páginas. Siempre tengo algo mejor que hacer. Aunque me gustaría, claro, aunque si pudiese elegir preferiría repetir esa orgía berlinesa.
—Todo el mundo dice que te la inventaste.
—Who cares. Lo hecho, hecho está. Y al haber escrito sobre ello, es como revivir un poco la movida. Ya sabes, o escribimos para vivir cosas que no hemos vivido o para reírnos de las chonis.

—¡Mierda! ¡Joder! Se han llevado al Curras. —La rubia parece muy alterada. Le pregunto
—Ola k ase. Se va tu colega o k ase.

Acaban de entrar dos cabrones de la secreta y se han llevado a mi colega.

Suenan las alarmas mi denostado cerebro. Voy corriendo al baño y me meto el pollo de Speed en los boxers. Salgo, pillo a Bret del brazo y nos piramos cagando leches.

No quiero pasar a la historia por esto, le digo. Por lo menos, no hasta que publique mi primera novela.

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