Afterpop y apropiacionismos postpoéticos

Si conecto con mi budeidad industrial, fabricada en las trincheras de la Inglaterra obrera de los ochentas con Ian Curtis convertido en un icono de la juventud de culto del capitalismo tardío, puede que alcance a entender de vez en cuando algunos conceptos sociológicos, artísticos y literarios que planean a mi alrededor de manera benévola y altamente confortable. Más o menos como el nuevo Audi A1, enfocado a aquellos que no estén seguros de comprarse un Fiat 500, y que quizá prefieran optar por el clasicismo modernizado de la fábrica alemana. Los conceptos a los que me refiero son, por ahora, dos:
AFTERPOP & POESÍA POSTPOÉTICA.
Hecha la breve introducción cargada de referencias tanto útiles como meramente accesorias, pasemos a derivar los términos, definirlos y apropiarlos a este espacio que, ya de por sí, es un post, o un afterpublishing (¿?).
En cuanto a la poesía postpoética, puedo afirmar que por ahora no aparece en la Wikipedia, cosa que significa que va por el buen camino. Me queda lejos alcanzar su plena asimilación de postulados, mas no por ello hay que caer en el bloqueo. Todo lo contrario, en cierto modo, el yo postpoético, centrado en la experimentación y el apropiacionismo heterodoxo, avanza impasible ante la marabunda de chapuzones histriónicos que ocupan redes sociales y demás utensilios virtuales que procuran hacer poesía, entendiendo por ello que sólo hay una forma de hacerla, cercana a un canon decimonónico. Pero esto no se trata de una crítica hacia estos colectivos "tribales", como bien apunta Fernández Mallo, NO, se trata de lanzarse en tabla de surf por la pendiente creativa y, como si se tratara de un Mercadona, ir pillando productos de manera aleatoria durante la bajada para darles cabida en una hoja de papel y/o virtual. No hace falta seguir a rajatabla las pautas marcadas por la postpoesía, ya que su nacimiento no impone nada en concreto, es una herramienta de trabajo, una forma de entender la sociedad posmoderna y su relación con los bienes de consumo, el arte entre ellos (pero también la publicidad de ING Direct).
Seamos pues, postpoéticos. ¿Razones?
1. Queda bien dentro de ciertos círculos con olor a rancio, es como un ambientador de flores del caribe en un baño de una discoteca como Razzmatazz.
2. Es nuevo, es tan consistente como líquido, en función del entorno en el cual aparezca.
3. Implica asumir ciertas ideas necesarias, como entender el final de la Historia como progreso, la ideología como forma de producción intelectual y la igualdad entre géneros creativos: publicidad, física, producir huevos transgénicos o el fútbol de segunda división.
4. El libro Postpoesía es barato.
5. El índice del libro es un huevo frito.
Hagamos un poema según estos puntos (la cursiva es para acentuar el dramatismo poético, tan referenciado en la escuela poética ortodoxa):
Si todo gira entorno al sol,
menos el CD, que da vueltas sobre sí mismo bajo la atenta mirada de un lector
Podemos confabular contra el MP3, ya que este no se ralla.
Sospechoso, ¿no?
Lo acepto, este poema puede que me custe perder el Pulitzer en 2015, pero si asumimos que Warhol propone cambiar de estilo creativo como cambiamos de canal, toda la producción artística carece de seriedad frívola, y se convierte en frívolamente seria (Fernández Mallo dixit).
Abordemos ahora el Afterpop.
Igual que en la postpoesía, el afterpop asimila, y no es excluyente para con su entorno. El afterpop necesita al pop, convertido en un objeto al que no debe rendirse culto, sino más bien estetizarlo, derivarlo, incorporarlo y fusionarlo con entes no pop. Encontramos aquí una paradoja. Hoy en día, ¿Qué no es pop?. Yo soy pop, igual que las Pringles. Vivimos rodeados de pop. O más bien, simulacros de pop, que a su vez se convierten en pop del pop. El afterpop emerge como desacralización y resacralización de lo pop, el pop cede ante la eminencia de su ridiculez kitsch, y es ahí donde comienza el juego.
En todo caso, si todo este enjambre de definiciones y reflexiones os deja fríos, o más bien, tenéis la sensación de estar siendo calentados por un microondas Philips a 600W, recurrir a los padres de estos conceptos es mi mejor y más humilde recomendación;
Agustín Fernández Mallo
Eloy Fernández Porta
Por cierto, cuando Paris Hilton cumpla los 40 escribirá su biografía, no os quepa ninguna duda.
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