After anodino

Me conecto a Internet desde la terraza del bar de la biblioteca de Lesseps, Jaume Fuster. Me siento un pijo con pasta con mi reluciente MacBook blanco, rodeado de excavadoras, paletas y polvo. Una especie de burgués posmoderno, o como se os ocurra que se le pueda llamar a eso. Mi amigo afro no llega, así que decido atiborrar el post con neciedades y demás.

Como no, tomo un café con leche corto de café, y escucho en el iPod Counting Crows (otro detalle de burgués posmoderno). 
Esta mañana he ido al médico a ver a la doctora por el tema de la clavícula y la recuperación, que mis asiduos lectores recordarán. La doctora iba acompañada de una enfermera que no ha abierto la boca en los 20 minutos que he pasado en la consulta, haciendo ejercicios varios. No ha dicho nada, pero ha cobrado igual; ¿qué más se puede pedir?. Por raro que parezca, no he tenido ninguna fantasía sexual con la doctora, y menos con la enfermera muda, no eran de mi agrado.
Aquí, en la plaza Lesseps, el Sol ya se ha escondido por detrás de los edificios. El que tengo en frente es un bloque de edificios recientemente construidos, justo a tiempo para aprovechar el movimiento especulativo vinculado a la nueva plaza. Por ahora solo hay un piso ocupado de los 12 que tiene el edificio, y hay uno que está en alquiler. En los bajos, hay un par de tiendas de motos Pirelli, o Piaggio. Tengo una historia real acerca de uno de los perjudicados por ese movimiento especulativo. Como en todos, siempre hay alguien que sale perjudicado y, también como siempre, es el más débil. 
Un amigo de mis padres llamado Juan, es un modesto modista (valga la redundancia), dedicado a hacer patrones de ropa para empresas pequeñas. El primer problema lo tuvo cuando todos sus clientes empezaron a comprar e importar de China. El segundo problema lo tuvo cuando recibió la orden municipal de abandonar su taller, ubicado en lo que ahora es le bloque de pisos que están a la venta. Juan tiene un hijo y una mujer, le gusta viajar y en navidad suele regalarles a mis padres un CD con canciones exóticas y de culto. La cosa es que ahora Juan no tiene taller, pero sigue regalando el CD a mis padres. Lleva una cola de caballo y su pelo es grisáceo, cuando sale a pasear se pone unas gafas de sol absolutamente desfasadas. Aún así parece un tipo interesante. Su mujer, Antonia, lleva una camiseta con un estampado que proclama McShit ( Mac mierda), elogiando la calidad de los restaurantes McDonald's. Se la trajeron mis padres de Tailandia en pos de querer solventar su deuda moral por los CD's navideños. 
Juan es un gran usuario de la biblioteca, lo más divertido de ello es que roba la conexión Wi-Fi desde su casa, que está a unos 200 metros, y a unos 100 de su malogrado taller.
Una brisa fresca acaricia mi pelo recién cortado. He pasado de tener una pelusa ondulada a un cabello perfectamente rasurado a la medida 11 de la máquina. Estoy listo para el verano, aunque tendré que hacer algo de deporte cuando termine la recuperación si no quiero que la cerveza me pase factura. Para ello, iré al gimnasio del Club Esportiu Europa, que me queda cerca de casa y abren a las 7 de la mañana y cierran a las 11 de la noche. El domingo también abren. En realidad, no me sirve de nada porque el a las 7 duermo y el domingo a esa hora todavía estoy perdido en algún anodino after de la ciudad.
¿donde está mi amigo afro?
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