Actuando localmente, entregado a la música ambient, leyendo a Zacarías y tomando té en una tetera naranja

Regresaba a casa, Barceloneta Central Scrutinizer, en moto, forzando semáforos ámbar y procurando distinguir entre lo que es la acera y lo que es el asfalto. Llevo todo el día escuchando a la gente hablar del frío que hace. En épocas de incertidumbre, el común de la peña necesita hablar de certezas. Cosas como el tiempo, la corrupción o en número de cigarros que uno fuma cada día. Este tipo de cosas, que generan más bien consenso y discusiones poco acaloradas, permiten reafirmar la tenue identidad personal y pasar el rato sin demasiadas complicaciones. Al llevar una camiseta, una camisa, un jersey, una chaqueta larga y una bufanda, no tenía frío en la moto. Pero esto nos da bastante igual, y más a vosotros. Aquí no venimos a hablar del tiempo, salvo si el hielo interrumpe un coito en un parque público al mediodía, mientras los perros siguen haciendo el imbécil junto a los niños, tantos siglos después. 
Esta tarde, tras una siesta que ha reubicado mi sistema neuronal tras la noche de ayer, he salido a comprar tabaco. A parte de tabaco, he acabado comprando incienso de sándalo, un té indio con especias, condones y una pasta con petitas de chocolate en un horno que por las mañanas tiene mucha cola. Puedo sentirme orgulloso, si el lema Think globally, act locally (o al revés, da igual) todavía estuviese de moda, podría darle like al enfermo que lleva su página de Facebook y comentar hey peña, soy de los vuestros, he repartido 18 pavos en cuatro comercios en media hora en mi barrio de marineros hipsterizados. Pero, como imagináis, estaría perdiendo el tiempo, y para eso ya existen Instagram y las tiendas especializadas en vinos. 
Compré una tetera naranja esta semana. Casualmente, hace juego con mis ceniceros, que heredé de mis padres y que una vez un colega diseñador me dijo que ahora son objeto de estudio y devoción por parte de su gremio. Creo que están diseñados a finales de los setenta, en esa onda como futurista que desembocaría en la estética 2001, Odisea en el espacio. Así que he preparado un litro de té que he acompañado con leche y azúcar. A eso he añadido un nuevo grupo que he descubierto, con un nombre insuperable: Carbon Based Liveforms. Los que creemos ciegamente en la electrónica, como otros seres en otros tipos de música, tenemos la suerte de, o bien encontrar la música que buscamos, o bien que cierta música nos encuentre cuando más la necesitamos. No sé si me explico. 

Mi compañero de piso, El Traductor, ha regresado hoy de un viaje de una semana a su tierra natal. Nos hemos alegrado de vernos, cómo no, y hemos intercambiado un resumen directo y general de nuestra respectiva semana, que calificamos de satisfactoria, incluso con algún #EpicWin importante. Luego he seguido leyendo y tomando té, que seguía caliente en la tetera naranja. Y eso que la compré de oferta en otro de mis Act locally, bukkake friendly
Una compañera de batallas digitales me ha comentado que hoy se estrenaba en Berghain, justo cuando yo no puedo estar más lejos de ahí, en términos físicos y ambientales. Por contra, la claridad y la actitud que ahí logro alcanzar, aupada por todo tipo de sustancias, un sonido portentoso, un público pro y unos guías espirituales inmejorables, es equiparable a mi sobredosis de té y mis lecturas, que ahora se resumen en La insólita reunión de los nueve Ricardo Zacarías, de +Aristas Martínez. Mas si no hubiese vivido eso, y no supiese que ahí volveré, el té y la literatura no tendrían el mismo regusto a delicioso retiro en aras de recomenzar, una vez más, a ponerlo todo patas arriba. Y como quizás añadiría Miguel Noguera, al que esta noche he visto en su último UltraShow en Barcelona, luego trataré esforzadamente de agarrarme a esas patas y usarlas como mástil con una bandera transparente cuyo uso, al final, no es otro que provocar crisis nacionalistas en el mercado de banderas internacional.
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