Acid Happens. Relato cuántico de la fiesta con los puños blandidos con amor y otras movidas

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Siempre que viene El Físico la cosa promete. Porque dentro de poco se va a vivir a Londres y está quemando la ciudad todo lo que puede. Y El Físico es el primero que llega tras de mí al Liverpool. Son las 21:30 y estoy mandando un tweet a una amiga de Madagascar explicándole que la vida son dos días y que venga a Barcelona a conocernos, a mí y a El Físico. No responde y no me lo tomo como algo personal, nadie confía en un físico. Salvo nosotros. Con El Físico hablamos de que las familias se ponen enfermizamente obsesivas cuando uno de los jóvenes va a tener un hijo. Compartimos la idea de que en la vida básicamente se habla de relaciones de pareja, hijos futuros, deudas, asesinos en serie suecos y tangas.  Llegados a esta eterna conclusión, piropeamos a una gorda como si nos fuera la vida. Compramos birra en la tienda pakistaní de la esquina. Hace meses que no entramos en el Liverpool. Siempre pillamos la birra en la calle y la tomamos en frente del antro, simpatizando austeramente con su karma. Esta actitud tiene dos explicaciones sencillas. La primera, y más obvia, es que ya no se puede fumar y beber en este país dentro de ningún puto local. La segunda, no menos razonable, es que es más sencillo quedar "en el Liverpool" que delante de una farola. Una vez lo intentamos, quedamos en una farola de la rambla del Raval, y desde entonces Monsieur nunca ha vuelto a ser el mismo. Pero si lo pensamos bien, hasta es posible que el Liverpool se vea beneficiado por el efecto viral de nuestra presencia etílica meramente referencial. Al ver a gente fuera bebiendo, los inocentes clientes dan por hecho que dentro habrá mucha peña dándolo todo, desnuda y sodomizándose, lanzando botellas contra la pared al escuchar por enésima vez a Joy Division. Como tantas cosas en la vida, es mentira, esto solo ocurre los martes y a puerta cerrada. El Físico me está comentando algo que no estoy escuchando y llegan Lolita, Patty y Bret. Hoy nos juntaremos en casa de Lolita, relojes fuera y tarjetas de crédito encima de la mesa.
Compramos todos otras cervezas en la tienda offLiverpool, y fumo otro cigarro.
-Qué pasa, chaval-suelta Bret.
-Todo idílico-respondo.
Bret prepara su cigarro manualmente y Patty saca su Philip Morris. Y Lolita mira el cielo y El Físico también fuma. Me fascina que los científicos fumen. Igual que los médicos. Igual que las embarazadas. Me tranquiliza vivir rodeado de incoherencias. 
-Patty, ¿Qué tal estás?-pregunto.
-Quiero birra.
Así que compramos más birra en el pakistaní. Y esperamos a Monsieur que, faltaría más, llega finalmente media hora tarde.
Monsieur ha hecho una entrevista de trabajo en una librería virtual especializada en literatura pornográfica, que vende libros de Sade para arriba, pero "de calidad", le ha dicho el tipo de sesenta años con bastón que le ha entrevistado. Lo que no acaba de entender Monsieur es que le quieren contratar como vendedor, ponerle un identificador con su nombre y un happy face. 
-¿Pero a quién coño voy a atender personalmente si venden por internet?
-Las maduras -explico con paciencia-, siempre son las maduras. Ellas descubren dónde tenéis el almacén y vendrán a por ti. Querrán que les vendas la merca pornográfica de primera mano. Y tu jefe lo sabe. Cuando te ocurra algo en la vida que no sepas explicar, relájate, y di en voz alta "las maduras". Verás como tu desasosiego desaparece al instante.
Partimos en dirección a mi casa para pillar los altavoces y a nuestros dos amigos, el cachondeo y la rapidez. 
Subo con Bret a mi piso y le presento a rapidez. Enamoramiento instantáneo. Se besan. Y bajamos rápido. Llevo felizmente conmigo, igual que un caníbal un hueso en la nariz, los altavoces encargados de repartir merca acústica highly selected gracias meses de consumo musical electrónico random en Spotify. Toda actividad random acaba dando sus frutos, os lo prometo. Es como el karma de los budistas, pero todavía más épico.
Llegamos a Lolita's home acid home y antes nos hemos cruzado con unos urbanos patrullando por la calle, a pata. Pero iban por otras movidas y no nos han dicho nada por hablar muy alto y con pasión del cachondeo. En la puerta de entrada nos encontramos a una vecina mayor. Alguien no le aguanta la puerta y me disculpo haciendo una reverencia.
-Señora, ya lo sé, somos un desastre, todos. No solo no le aguantamos la puerta, sino que posiblemente hoy no podrá dormir por nuestro festival. Pero todo es culpa de la publicidad y de la gente que tiene ahora sobre cuarenta tacos, que gastó todo el dinero que no tenían en implantes de tetas y alargamientos de pene y ahora nosotros estamos muy tristes sin saber qué va a ser de la Playstation 4, porque bueno, ¿Tiene una nieta? ¿Que mida más de 1.60 y sepa leer?. Solo con eso ya nos haríamos cargo de ella por un rato. Estupendo, ¿eh? Siempre se me ocurren ideas brillantes, señora. Por eso, que estamos mal pero saldremos de esta, más o menos. 
-Tengo un nieto.
-En ese caso, que tenga usted una feliz navidad.
Lolita's Home Acid Home está en el ático, unos diez pisos. Y como llevo fumados 40 cigarros liados en unas quince horas decido subir corriendo, para hacer deporte, cigarrillo en mano. Cuando voy por el tercer piso a un trote admirable me escribe mi amiga de Madagascar en Twitter y entonces subo el resto en ascensor. Así leo el tweet y decido responderle simple y llanamente "El Físico lo sabe TODO".
Llegamos a casa. Al fin. Y hay un teléfono antiguo que funciona en la mesita del salón. Y si lo pensamos en rollo 3D se parece a este:
Teléfono antiguo 3D.
   
Nos sentamos en sillas y sofás y coloco los altavoces y saco las líneas de alta velocidad y también el cachondeo. Y llama Noise a la puerta. Noise es alto y siempre va arreglado, como de tipo serio. Es decir, el único que aguantaría la compostura en una entrevista de trabajo que no fuera para trabajar como dependiente de una librería digital que vende literatura porno. Por eso es el único que se gana la vida cumpliendo un horario, y editando cosas bellas que luego leemos y también usamos con amor como posavasos y como manera de ligar barata. Es genial ver a Noise tan feliz. Birra en mano, tendremos tiempo para charlar.
Noise y yo estamos sentados en sofás contiguos. Y por eso salgo a la terraza y le llamo desde mi iPhone negro 4S al teléfono viejo de la casa. Él responde, claro.
-Hola, ¿es usted el editor?
-Sí-contesta con un aplomo digno de un pureta putero.
-Verás, tengo buena merca escrita. Un novelón. Rollo thriller sueco pero con brasileñas bailongas. Hay mucha carne en el asador, en plan tías perracas con tangas de hilo muy noventas y mucho suspense. Como imaginas, la trama es trepidante. La he escrito yo solo y es secreto porque solo confío en mí mismo y en mi talento innato. Pero como eres un tipo serio y usas un teléfono antiguo 3D te lo quería comentar, y me preguntaba si te podía enviar la merca por correo certificado. Luego ya hablamos de mis honorarios.
Bret explota. Se levanta encolerizado del sofá y se pone encima de la mesa dándose golpes en el pecho. BLANDIENDO EL PUÑO.
En realidad, esto no es blandir el puño. Esto es levantar el pulgar rollo thumbs up.
Pero lo más interesante de la foto es que parece un pajote algo anoréxico.
-V-A-N-I-T-Y ¿Has dicho mucha "carne en el asador"?
-Sí, es una manera oportuna de vender una novela, ¿no?
-Joder, chaval, estás usando un lenguaje enfermizo, producido en el seno de una sociedad que consume vacas y animales haciéndoles sufrir y agotando los recursos de este planeta. No puedes decir "carne en el asador". Hay que decir "verduras a la plancha".
-¿Pero tú crees que diciendo "verduras a la plancha" voy a vender mi libro a Noise? A parte, me gusta la carne y me gustan los asadores. Y las dos cosas juntas, mucho mejor, es como mezclar una rubia báltica con una barra de streaper. Las dos cosas están bien, pero una da sentido a la otra.
Habla El Físico. Hay que escuchar.
-Los animales sufren, solo por eso ya no habría que comer carne. Pero yo como carne, mira tú por donde. 
(Lo dicho, adoro la gente incoherente, quiero decir, a gente que sabe de matemáticas y al mismo tiempo fuma y come carne).
-¿Qué estás leyendo ahora, El Físico?
-Moby Dick.
-¿Y esto no va de ballenas? Joder, nunca he probado una ballena a la brasa- y entonces trazo unas líneas de rapidez al aire que desaparecen antes de caer al suelo-.
Seguimos hablando durante unas dos horas, únicamente tratando de convencer a Noise de cuál de las dos frases hechas es mejor para vender un libro. Verduras o carne. Noise se tiene que ir. Pero entonces llega Niego. Niego es también de puta madre, y como tiene que conducir un Clase A prefiere no beber. Le pregunto si quiere que llame a un chófer. Me dice que le gusta la sensación de conducir sobrio, le permite provocar accidentes sin tener que pagar una multa extra por ello. Y más rapidez.
Cierto es que llevo un rato sin hablar de Monsieur. Cómo explicarlo. Está durmiendo. Se ha puesto de cachondeo y ha comenzado a caerle la baba en el sofá, apoyándose en el brazo de Bret. Y, claro, Bret se ha puesto a BLANDIR EL PUÑO. Así que Patty se ha llevado a Monsieur a la cama, y se ha quedado sobando solo con cara de tío que cree que está follando en sueños. 
Es ya muy de noche. Suenan temazos sin descanso. Destacan N.Y.R de Outputmessage y 7 Suns de Pyramid. Y suenan clásicos en momentos rápidos, tales como From Disco to Disco de Whirpool productions. 
Es ya muy de día. En este lapso de tiempo han tenido lugar como siete conversaciones diferentes repartidas en dos grupos más o menos estables. Y Monsieur se ha levantado y ha pedido un bol de cereales con leche. Se le ve contento por el nuevo trabajo.
Siendo ya muy pero que muy de día las pupilas responden a otros parámetros y los sofás se alargan infinitamente hasta absorbernos. Quedamos cuatro. Lolita, Patty, Bret y yo. Y ellos tres se duermen como abrazados. Me levanto del sofá. Miro por la ventana y recorro con las pupilas dolby surround la avenida vacía.
Y la rave que peta mi cabeza es cada vez más divertida.
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