Abdullah VI, crudo, coches y Dubai

Conocí a Abdullah VI cuando tenía 18 años, cuando el asesor de mis riquezas-Mcwood- me recomendó que invirtiera en petróleo Saudí. Viajé a las Maldivas-Abdullah VI se encontraba haciendo snorkelling con sus 24 hijos- y me reuní con él en un salón de eventos del Beach Tower Hotel. Fue un encuentro curioso, Abdullah VI quería usar el micrófono, y subió, solo, a la tarima para darme una conferencia acerca de las virtudes de su crudo. Era una reunión privada, mano a mano, con lo que no pude hacer otra cosa que bajar a las butacas del público y fumarme un porro de marihuana. Abdullah VI terminó cantando debido al colocón de mi canuto y decidió cederme 30.000 barriles a un precio módico, me dijo que tenía talento y que confiaba en mí. Me preguntó cuantas mujeres tenía, y le dije que sólo tenía mujeres de pago, a ser posible rubias y rusas. Abdullah VI también adoraba las rusas, tenía 12 como esposas. Un punto más de entendimiento.
Regresé a España contento y drogado y Abdullah VI volvió a bucear con sus 24 hijos.
El barril de petróleo se disparó desde el 2002, con lo que mi dinero se multiplicó. Más rico de lo que podía imaginar, compré un Ferrari-recordad, los nuevo ricos son unos macarras- y decidí lanzarme a un On the road versión Easton Ellis und Vanity. Crucé Europa a 230km/h, rociando a la gente de monedas al pasar. Lejos de hacerme querer por repartir mi dinero, maté a varias personas por golpearlas en la cabeza. En Turquía tuve que hacer desmontar mi bólido para instalarle unas ruedas gigantes y poder cruzar las partes montañosas.
Llegué a el país de las mujeres libres, dónde mi querido amigo Abdullah VI residía, y acudí a su palacio imperial de 4500m2. Fui recibido por un par de protozorras rusas- sabiendo que venía tuvo el detalle-. Le había gustado tanto el snorkelling que había construído un mini mar en sus terrenos, con peces tropicales. Le dije que se parecía al museo de la ciencia de mi ciudad, y rápidamente me rectificó diciendo que la ciencia era una falacia occidental para sembrar el mal en el mundo y romper la pureza de su profeta. Asentí y le hablé de mi gran fortuna y bonzana económica, gracias a su buen trato como amigo y casi como padre de mis negocios.
Abdullah VI se mostró plenamente satisfecho por mis alabanzas. Acto seguido le regalé el Ferrari Crossover-debido al tunning, creí que era un nuevo bonito nombre- y el me regaló un loft en el edificio más alto de Dubai. Agradecí con una reverencia elegante y juntos tomamos unas rayas de coca.
Siempre recordaré su frase:

- ¡malditos occidentales! ellos me dan dinero y yo recibio sus más sucios vicios! Vanity, "Alá es..."

- ¡Grande!

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