Abajo los comentarios (en los periódicos) y viva Hollywood

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La Nueva Ola post democrática auspiciada por los medios de comunicación está alcanzando unas cotas de banalidad que rebasan el límite de la dignidad de los ciudadanos. Los periódicos, ya sean de pago o gratuitos, se congratulan con dar voz a cualquier habitante de este país afectado por alguna medida y/o suceso y/o idea ocurrida en la esfera política y/o económica y/o social de nuestro país.

En papel o en Internet, el lector suficientemente dotado para analizar la actualidad tiene que aguantar las múltiples chorradas de jubilados, jóvenes sin trabajo, amas de casa, obreros, ejecutivos, lisiados y ninfómanos en general.

¿Qué le parece la nueva medida del gobierno zimbauense para vender arroz con LSD?

-Me parece bien, ya era hora que las plazas de párking bajaran de precio.
-Es una vergüenza, no hay derecho.

Ciudadano a ciudadano, todos toman las riendas y charlan sin ningún tipo de conocimiento de fondo, y el lector medio culto tiene que tragarse sus caras sonriendo, y ver qué edad tienen y de qué ciudad son y si dejaron de ser vírgenes a los 16 o todavía lo son.

Las opiniones de dichos ciudadanos se presentan como si ello fuera un alarde del periódico para alcanzar y dar voz al descontento o aceptación de su público con lo que ocurre en el mundo. Es una especie de intento para acercar la prensa, cada vez menos leída, a los conciudadanos que ercutan sin temor como modo de vida.

Con esta estrategia, populista y carente de utilidad, lo que buscan en realidad es aumentar, cómo no, las ventas. La persona que ha salido publicada en el periódico es llamada el día siguiente por todos sus hallegados, ex novias, compañeros de trabajo (o de las listas del INEM), y todos compran el periódico y recortan ese trocito en el que el tío de turno opina sobre las conclusiones de la metafísica de Kant.

Este bonito proceso, basado en el corto plazo y la precariedad de los periodistas (que buscan voces de la calle para ocultar las suyas propias), es cansino y absolutamente prescindible.

Lo triste es que es una Nueva Ola que goza de gran popularidad en cualquier medio, ya sea este radiofónico, virtual o escrito.

La seriedad de la prensa en nuestro país deja tanto que desear como cualquier otro ámbito productivo. Pero el sector de los medios de comunicación merece un especial toque de atención, con una Cuore ya se han cubierto estas necesidades.

ACCIÓN PALIATIVA

Con estas ideas me planté en las oficinas de El Jabalí, un periódico que comenzó siendo más bien de izquierdas y que ahora se situa entre el fascismo postmoderno y las escuelas de macramé de extrema derecha.

Bajé del Audi TT sin paraguas, pese a la lluvia, y encendí una bengala waterproof que lancé con extrema precisión al tercer piso. Entré en las oficinas golpeando las sienes del gorila de seguridad, que durante la semana defiende la libertad de expresión y los fines de semana trabaja en una discoteca dónde trata de pillar a tías borrachas en la salida para llevarlas a su casa.
Ya dentro, llamé a mi manager, Karl Straüss.

-Karl, pásame con Patrick Bateman.
-A la orden.

Hablé con Pat:

-Hola Pat, ¿vives todavía en Los Ángeles?
- A ratos.
- Perfecto, ¿podrías sacar una foto del cartel de Hollywood?
- Hecho, ahora te la mando.

Llamé a Prados del Rey, un diseñador gráfico amigo personal y especulador de guitarras acústicas. Lleva trabajando algunos meses con la tipografía perfecta de la nueva cabecera de Vanity Dust. Le pasé la foto vía iPhone. En pocos minutos tenía el montaje perfecto con el cartel de Hollywood.

La idea de ir a El Jabalí, periódico de extrema derecha y vinculado a grupos radicales de macramé y de autoayuda para suicidas crónicos, era colgar una encuesta en su página principal con:

-¿Te gusta la nueva cabecera de Vanity?

Primeras respuestas:

Pastor de ovejas: los lobos cada día joden más mi rebaño, ya no puedo follarme ni al perro, cuando me despisto se han comido dos o tres. Creo que me iré a Hollywood con Vanity para hacer fortuna.

Señora oriental de masajes con sorpresa: Son 30 euros la respuesta (con masaje incluido)

Testigo de militares Geo(va): Hollywood es el infierno, Vanity merece sepultura pública.

Analfabeto y ciego: Este mundo no está hecho para mí.

Como vemos, la mayoría de los ciudadanos aportan a las encuestas puntos de vista heterodoxos y ricos, que permiten a los demás hacerse una idea más exacta de las repercusiones del cambio de cabecera de Vanity. En su mayoría, han elegido la opción C, que viene a decir que prefieren un país libre de impuestos pero con Seguridad Social (algo muy lógico por otro lado. Cualquier ecologista de Harvard opinaría lo mismo).

¿Y usted, qué piensa de la nueva cabecera? Su opinión es muy importante, casi trascendental.

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