8 puertas con cerradura

Construyó una gruta en su casa,
detrás de 8 puertas con cerraduras
8 habitaciones vacías y, al final,
una cama raquítica, una cocina y un baño.
Lo construyó para meterla ahí y que fuera suya,
forzarla, humillarla. Violarla.
En el zulo no había reglas, solo golpes
silencio, llantos, humedad, sangre.
silencio, humedad, peste, sangre.

En el zulo ella se cortaba el cabello,
nacían sus hijos, comía, dormía, meaba.
Y él, a 8 puertas con cerradura, dormía
meaba, comía y miraba la televisión.

Sin luz, apenas agua, mugre omnipresente.
La cabeza de ella perdió contacto con la realidad.
Se dilapidó su inteligencia, su feminidad.
Desvanecióse su sonrisa, envejecióle la piel.
Vanidosos años pasaron. Lentos, mortalmente lentos.
Pero la muerte no llegaba, se paseaba por la sala,
haciendo ademanes y silbando. Sin matar.
Su cuchilla relucía y brillaba bajo la bombilla.
Ella quería que la usara, que la degollara y se la llevara.
La muerte nunca atiende a deseos.

Él bajaba y le daba comida, como a un perro. Comía.
A 8 puertas con cerradura, bajo el suelo, dentro de las
entrañas de la tierra. Lejos, vieja, esclava.
Muerta pero sin estarlo. Viva pero sin quererlo.

Años pasaron. Meses corrieron. Esclava, sometida bajo tierra.
Imposible, sin sonrisa, demacrada y mortecina.

Finalmente, todo se pudo saber. 8 puertas con cerradura. Abiertas.
Nunca sería una nueva vida. El trauma no cesaría jamás.
Muerta llevaba ya tiempo. Revivir es cosa de brujería.
Sol. Eso sí, podría ver y caminar bajo la luz del

sol.

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