5 years blogging and Madrid Kicks Again

Hace exactamente 3 días este blog cumplió 5 putos años. 900 entradas publicadas. Eso viene a ser, de medía, un post cada 2 días durante 1825 días. Está claro que la persona que ha visitado más mi blog soy yo, y por eso me he mandado a mí mismo una botella de cava a casa desde correos.

«Gracias por leerme, oh, mi más asiduo lector. Con afecto y merca, Vanity Dust.»

Me ha hecho ilusión recibir mi propia felicitación junto a más ejemplares de Lady Grecia mandados por mis atentos y onfireistas editores. No veáis cómo van de bien las solapas del libro. El rulo fluye cosa mala.

Básicamente, estos cinco años de escritura compulsiva, inconexa, trasher y delirante me han llevado a sacar pocas conclusiones. La vida te supera, siempre. No hay plan o esperanza posible, las movidas ocurren sin parar, una detrás de otra, dos a la vez y, cuando menos te lo esperas, te plantan delante de tus narices un bukkake como Dios Manda. A lo largo de estos años han muerto Michael Jackson, Amy Winehouse, Steve Jobs y Chávez, entre otros millones de personas cuyo impacto mediático es, obviamente, menor. Ello no es bueno ni malo, #shithappens para todos de todos modos.

He estado en Londres, París, Berlín, Ibiza, en la Deep Catalonia y en Sevilla. Incluso una vez estuve en Sant Adrià del Besòs. Y Madrid, porque desde que estuve la primera vez esta ciudad me ha pillado siempre desprevenido y con ganas de más. Si os preguntáis por qué estoy escribiendo en este flow medionostálgico ohpasaeltiemposniff es porque estoy escuchando este tema:

Y no es fácil escuchar estos temas en según qué momentos. Solo en casa, sin El Filósofo, que ha partido por unos días a descansar de mis constantes achaques de vacile y broncas varias, dejando un vacío intelectual difícil de sobrellevar con mi merca habitual. La cosa se pone seria muchas veces en la vida, más de la cuenta.
Mi problema es que odio la vida por las mañanas, no entiendo de qué va todo esto, ni por qué se supone que en este percal de 7.000 millones de zumbados hay que seguir haciendo cosas como si nada. Pero, al llegar la noche, ya la ciudad a oscuras, me siento adicto a todo, con ganas de petarlo más. Vivir a la inversa del ciclo productivo convencional me relega a una posición algo bizarra, y hace que pocos sean los días en los que me levante cuerdo para desayunar un café con croissant. La deriva sentimental en la que he vivido estos últimos 5 años tampoco ha sido sencilla. Me han molado más tías que caracteres he escrito, artículos he publicado y spam he mandado. Para acabar siempre solo, ante la pantalla, escuchando techno, fumando constantemente, y deseando no ir a dormir para luego desear no levantarme.
Son cosas que pasan, en realidad, si has estado en Berghain, si has petado el Sónar 3 días seguidos durante 2 años y con un pase de prensa que te permite entrar birra sin que te pillen, si te han explusado a hostias metiéndome M a las 5 de la tarde en el Space Ibiza. Si has leído a Bret Easton Ellis y a Frédéric Beigbegder con 22 años —nunca es tarde. Si te has olvidado muchas veces de tu nombre. Si te lo has pasado jodidamente bien con la gente que te ha acompañado al baño, a por más merca y para aguantarte la cabeza, y si has encontrado otros zumbados y zumbadas como tú que te leen y les lees y te aportan más merca con la que continuar petándolo.
A veces aflora una especie de cansancio. Porque lo que es nuevo mola y lo viejo, ya no. Y cinco años son muchos, exigentes, con más altibajos que una canción de DeadMau5. 
Pero aquí de quejas ninguna, qué coño. Hay que cambiar de tema y moverse aquí: 
Barnt - Geffen. Berghain in da Vein.
Lo oscuro, la decadencia, la demencia y los errores constantes son la garantía de que la cosa se aguanta. De nada sirve ser feliz. La gente feliz es gilipollas. La gente feliz es aburrida. La gente feliz miente. Todo esto, el pitote que hemos montado en Occidente, es sencillamente un pasatiempo autodestructivo para pasar el rato en vez de suicidarnos en masa, cosa que debería ser el acto más honesto que podríamos hacer. Por eso los emos son simpáticos, porque son los únicos que hablan de estas mierdas y en realidad son los más gilipollas y petaos de todos. 
Qué sería de mí sin el techno y los libros. Qué sería de mí sin las rubias y la merca. Qué sería de mí sin un teclado y mucho tiempo que perder. Qué sería de mí sin los sacacorchos y los rulos y los pakis de Barcelona. 
Mañana viajo de nuevo a Madrid. Me esperan muchas cosas ahí. Un nuevo bar, cenas agradables, party harder, trabajo techno, un antiguo jefe literato onfireista, la sede del PP y muchos sobres de merca blanca.
A por 5 años más. A partir de mañana, prometo levantarme pronto, fumar ya antes de salir de la habitación, prepararme un café doble y dirigirme al comedor, sea el que sea, confiando en que, en realidad, no hay nada que perder. A fin de cuentas, este blog quizás es el único compromiso serio que he mantenido constante pese a todo este espectacular vendaval.
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