30 segundos

Viernes noche. Antes de proceder a ver la película "Contra la pared" veo, creo que la primera vez en todo el mes, unos minutos de televisión.
La pestilencia del contenido me abruma al instante, cuando me cruzo con el último "morbo-documental" de Callejeros. Este grupo de patéticos reporteros que deambulan por las barriadas más cutres y jodidas del país, son recibidos como héroes por los nativos, al borde de la desnutrición, el SIDA y la pobreza más cruda. Pasean su cámara por las desastrosas estancias y dejan que los pintorescos personajes cuenten su vida sin reparo para regocijo general.
Me llama la atención el tiempo que le dedican a la maestra que lleva una escuela para gitanos. Esta señora atiende a las madres al mismo tiempo que a los niños y los ahuyenta, ni que sea por una horas, de su miserable vida. Como decía, los morbo-reporteros le dedican 30 segundos. La mujer que levanta y saca de la calle a chavales al borde del crack no se merece los 5 minutos de fama correspondientes a las putas, presos, zombies, pringaos, ladrones y camellos. No, la maestra sólo interesa eso, 30 segundos.
30 segundos es lo que tardo en destrozar la cámara de uno de estos reporteros aficionados. 30 segundos es lo que tardo en reventar una televisión. 30 segundos más es lo que me cuesta reunir los trozos de la pantalla y meterlos en un sobre para mandárselo por correo al director ejecutivo del programa.
El festival televisivo continua. Me imagino a millones de personas sentados en cómodos sofás pagados a plazos, contemplando al mismo tiempo el puto cuadrado de cristal con luces. Después de Callejeros y al más puro estilo "caso Watergate", la trama Gürtel se expone desde sus inicios hasta la actualidad, incluyendo todos y cada uno de los profesionales políticos que la han alimentado. Se escuchan fragmentos de conversaciones dónde aparecen "tías, tío, pasta, de puta madre, joder, cabrón". Por un momento no sé si sigo viendo Callejeros o a políticos profesionales que trabajan supuestamente por el bien del país. Los máximos dirigentes del partido mantienen firmemente la confianza en los acusados. Miles de personas aclaman rabiosas a sus líderes injustamente acusados. Mileuristas y amas de casa se aúnan en contra de las conspiraciones de la fuerza que gobierna para dilapidar la honestidad y seriedad del trabajo de los suyos.
"Te regalé un Land Rover, ¿recuerdas?". Cenas en fastuosos hoteles, viajes a la Polinesia. Cada céntimo sale de los bolsillos de paletas, profesores, escritores, conductores de autobús y vendedores de vinilos. Es fascinante ver lo miserable que puede llegar a ser un tipo con traje y corbata. O mejor aún, un grupo de tipos con traje y corbata. O mucho mejor, un grupo de tipos con traje y corbata y mujeres con pote hasta en las fosas nasales y cientos de miles de personas depositando su confianza a ciegas en su honorabilidad y proyectos.
30 segundos es lo que tardo en escribir cada párrafo de este texto y 30 segundos lo que tardaré en liarme un cigarro para fumarlo mientras corrijo.
Suerte que, dentro de algunos años, quizá siglos, puede que milenios, todo esto será polvo.
Polvo y vanidad.
Pura Vanidad.
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