11-S & Louis Vuitton

Estoy en el Musée d'Art Modern George Pompidou.

Entro en la mediateca y rebusco, sentado en una estrafalaria butaca, vídeos que llamen mi atención.
Me decido por el espectáculo maximalista más visto de la Historia y hago click en "11-S". Es curioso encontrar en un Museo de Arte semejante vídeo.
Las Torres Gemelas ya arden. Una soleada mañana de septiembre de 2001. El ente espectáculo estrecha la mano al ente llamado terrorismo global. El vídeo, grabado con una cámara sencilla, recorre calles y más calles alrededor de la futura zona cero. Todo arde y todos miran hacia arriba, hacia el polvo y la muerte cercana, hacia el pretexto de futuras guerras. Detengo el vídeo cuando hallo, al fin, la leyenda urbana con patas que habla con el cámara.
- Sí, joder, yo debería estar ahí arriba (en el centro de la Historia, claro). Trabajo en la planta 73 y perdí el tren.
Champs Elysées. Boutique Louis Vuitton. La afluencia de gente es abrumadora. No por ello los porteros (en realidad seguratas bien vestidos) están obligados a saludar cortesmente si entran en contacto visual con el público. El techo, altísimo, esconde algunas cámaras de seguridad. Los dependientes son serios y pulcros. Tienen los ojos tan abiertos que bien podrían tener pinzas invisibles sujetas a los párpados.
Los bolsos oscilan entre los 500 y los 2000 euros. Los monederos entre los 150 y los 700. Los llaveros entre los 100 y los 200.
La concurrencia de gente es tal que me pregunto si estoy rodeado de millonarios camuflados. Digo camuflados porque veo sandalias, chanclas, calcetines blancos, gorras de propaganda, bolsas Decathlon con botellas de agua sobresaliendo, gafas torcidas y cámaras de usar y tirar. Los únicos que parecen tomarse en serio los artículos son los orientales. Buscan los bolsos donde la L y la V se ven grandes y relucientes. Los hombres pasan el rato con seriedad y templanza y fingen interés en observar cómo sus mujeres se van probando la indumentaria. Las mujeres, coqueta y clásicamente (lo ven en las películas) se miran en el espejo para valorar el resultado. ¿es sufientemente grande el logo LV?.
El local reúne los requisitos para ser una atracción turística más. Supera al mero museo: en Louis Vuitton se puede interactuar con los objetos, incluso comprarlos o, simplemente, fingir que se está interesado en ellos. No sólo eso. Es gratis. Basta con superar la cortina de aire acondicionado y saludar al hombre de seguridad. Intento ver si hay algún Mickey Mouse tamaño gigante correteando detrás de los japos para hacerse una foto con ellos. En todo parque de atracciones (incluso en los de la Warner) debería haber uno.
Miro en el piso superior. No está. Entonces lo entiendo. Habrá perdido el tren y llega tarde al trabajo.
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