lunes, 22 de marzo de 2010

Palizas aleatorias y paseos sin rumbo

Cruzo plaza Catalunya resiguiendo con los pies las líneas del mármol, y tardo más de media hora en llegar a la otra punta. Un grupúsculo de japoneses me saca fotos, pero otro grupúsculo de tíos con pinta de la Europa del Este les roba las cámaras Canon. Luego les meten una paliza. El turismo se siente muy bien tratado en Barcelona. Alcanzo el otro lado de la plaza. Me siento en un banco con la madera húmeda por la reciente lluvia intempestiva. A mi lado un indigente digno come un bocadillo pringoso, es un bikini del McDonald's. Es curioso, los parásitos del sistema son los que más colaboran con él. Cruzo las piernas mientras un hedor a bacon con queso perfora mis orificios nasales. Saco el Manitou tobacco, papel de liar, filtros. En pocos segundos, un cigarro pende de mis labios. Reflexiono. Al ver que mis reflexiones son totalmente improductivas, comienzo a contar medias y minifaldas. Me aburro de nuevo y reflexiono otra vez. ¿Por qué David Foster Wallace me está decepcionando? Esta es la pregunta que dejé en Twitter, y la respuesta es porque es pretenciosamente fútil. Escribe sobre problemas triviales de un modo barroco y recargado, hiperadjetivado, conteniendo información supérflua que se justifica a sí misma por ser prescindible. De ello nace una supuesta complicidad con el lector, que debe gozar con el talento narrativo-descriptivo del escritor y la potencia con la que explica lo banal. En definitiva, terminaré Entrevistas breves con hombres repulsivos y luego pasaré a otra lectura con la esperanza de hallar más complicidad y delirio intelectual. Eso sí hay que decirlo, Foster Wallace se quitó la vida. En paz descanse.
Tras otra nueva reflexión, ésta vez centrada en el número de hojas que tiene un Bonsái en invierno, me levanto y le doy unos golpecitos en el cráneo al indigente digno. Vivir en la calle es toda una aventura. Según cuenta Palahniuk, hacerse el pobre Estados Unidos es un deporte de pijos. Pagan 3.500$ para hacer un Kerouac tour y cruzan el país de costa a costa haciendo autoestop y bebiendo whisky de mala calidad. La búsqueda de experiencias roquefort es y será un negocio. La clase ociosa merece conocer otros estilos de vida. Luego, experiencia superada, regresan a su apartamento en West Hollywood y cuentan el periplo a sus amigos que tienen un Cadillac del 2003.

Bajo por la calle Portal de l'Àngel, con las manos en el bolsillo. Me detengo en el escaparate de Zarra, y escupo en las tetas de la maniquí con boina y cara de chupar pollas con efecto. Veo una niña con un Tamagochi. Qué recuerdos. De pequeño, tenía un Tamagochi de Bandai. Siempre jugaba a tratar de matarlo lo más rápido posible. Los zurullos se acumulaban a su alrededor y enfermaba y yo se lo enseñaba a mis amigos. Ellos trataban de hacerle feliz y le daban arroz y jugaban con él. Pero yo quería que lo pasara mal y que los circuitos del Tamagochi trabajaran para lograr su autodestrucción. En esa época tuve una novia Emo que trataba de cortarse las venas con la cuchilla de afeitar de su padre, y tras tres intentos de suicidio comenzó a chupármela con los ojos maquillados y los labios con crema de Agata Ruiz de la Prada y con un sujetador negro con los pezones fuera. Así fue como me olvidé del Tamagochi.
Alcanzo, paseando y escupiendo en escaparates seleccionados, una nueva plaza, sin nombre aparente, y hay un chico argentino tocando la guitarra y cantando "Messi Messi, quiero ser como vos". Un grupúsculo de japoneses le saca fotos, pero aparece un grupúsculo de tipos del Este que les roba las cámaras y les mete una paliza. Lo cotidiano es la proeza mayor de nuestra especie. Refundar el capitalismo es una prioridad existencial para los cuidadores de zebras y para los productores de cerveza alsacianos. A esto hay que añadirle las palizas a los japoneses.

Y continúo paseando, resiguiendo líneas del suelo, contemplando palizas aleatorias, fumando, mirando al cielo, esperando algo, alguien, quién sabe. Entro en alguna tienda, escribo en las paredes, pienso en el desierto de lo real y en Slavoj Zizek, en lo libre que me siento y en lo encasilladas que viven algunas focas marinas de la periferia espacial. En según qué momentos, lo cotidiano supera lo cotidiano, y conforma una nueva cotidianeidad elevada al cubo, en una dimensión espacio-temporal abrupta y cargada de información cruzada y contradictoria entre sí.

Manos en los bolsillos, ajetreo a mi alrededor, previsibilidad consumista, paso a paso, hacia ninguna parte.

10 inputs:

urbanoyhumano dijo...

Una vez comenté no sé dónde que no me gusta FW. El comentado respondió aconsejándome los cuentos vitales de Coelho.
Ahora ese tipo afirma que no le gusta FW y le respondí que buscara entre su collección a Coelho y que se la metiera por. Entrañable la red y los trollebuses que hacen parada.

Isra dijo...

buen paseo el tuyo...
No te imagino con un Tamagochi en la mano...

Tin dijo...

Una especie de Holden Caufield por BCN ¿no?

Esta frase es sociológicamente brillante: "los parásitos del sistema son los que más colaboran con él"

Un abrazo

bcn_bcn dijo...

un día un vigilante del Zara va a salir y te va a poner las pilas neng

Ermo dijo...

muy bueno, tío. me gusta cuando describes en plan espectador, sin excesos redundantes.

POEM dijo...

pero otro grupúsculo de tíos con pinta de la Europa del Este les roba las cámaras Canon. Luego les meten una paliza. El turismo se siente muy bien tratado en Barcelona" jaja igual q en Madrid putos rumanos...

los adjetivos en exceso no molan
los sustantivos son más contundentes y la justificación es debil y sospechosa siempre
rechazo lo pedante o cualquier alardear

regresan a su apartamento en West Hollywood y cuentan el periplo a sus amigos que tienen un Cadillac del 2003." muy típico y no tan inusual entre los pijos casi todos los q viven en las mobilehome en caños son hijos de familias ricas... tu crees q un pobre quiere que le recuerdan si pasado en cuanto hace dinero??? je de ahi los nuevos ricos y los nuevos pobres... creo...

lo de zizek es muy interesante
debo estar muy loca leyendole... je

yo conocí un argelino (Magib)q robaba a japoneses pero también los violaba si andaban por la noche... menudo tipo su novia era española y robaba en el Corte Inglés... uno entraba en el calabozo y salía otro jaja

esperando algo...lo mejor es ir a la deriva porque simplemente ocurren las cosas...

sumiderodefuria dijo...

Pagar por vivir como un mendigo. Es para cogerlos y... ¡!

Como dijo aquel sabio: lo bueno de la vida de mendigo es que tiene muy pocos gastos.

¡Tres intentos de suicidio fracasados! Esto es lo que pasa cuando se abole la condición samurai y los niños dejan de leer el Bushido y el Hagakure. Ya ni suicidarse en condiciones...

Un abrazo,

Gat cabut dijo...

jajajaa! que bó lo del tamagochi, que risa

Carlos Galeon dijo...

Tus escritos son auténticos y provocadores en su esencia. Cada día me cautiva más tu estilo, fresco, rompedor, y no encasillado.
Como siempre, un abrazo, y hasta el próximo encuentro.

Dorian dijo...

Tamagochis de bandai. Ya estoy rebuscando a ver si encuentro el mío. Lo último que se de él es que se me coló por el WC.

Buena entrada.

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