domingo, 1 de noviembre de 2009

En el camino, versión postbeat

-Sigue tú camino, yo seguiré el mío.

Un hombre vestido con harapos sentado en medio de la plaza del Ayuntamiento rehusó mi conversación. Estaba demasiado ocupado recorriendo su camino. Jamás he visto tanta firmeza en la mirada de una persona, tan lúcida seguridad amparada en el vacío. Sin casa, ni familia, ni aspiraciones, el sucio vagabundo, reclinado en una bolsa de viaje, contemplaba sosegadamente cómo el sol alcanzaba el punto más alto del cielo. Puede que mi interrupción fuera algo temeraria. La mayoría de la gente suele obviar a los viejos solitarios. Los toman por locos, enfermos mentales, violadores o ladrones. El viejo de la plaza del Ayuntamiento no pertenecía a ningún grupo parecido. Posiblemente no pertenecía a nada ni a nadie. El y su bolsa eran en sí mismos la única posesión valiosa. Es fácil atribuir a los harapientos el fracaso y las penurias. Todos estamos demasiado ocupados luchando por nuestras metas y respectivos destinos, atravesando la oscuridad del túnel postmoderno con celeridad para alcanzar la tenue luz que nos indica la deseada posesión de alguien o algo. Pero él había llegado ya al final del túnel, a la culminación de las inquietudes. El camino que decía recorrer, diametralmente opuesto, no le preocupaba; aprovechar la luz del día para estudiar el matiz de las nubes y el tono del cielo, contar palomas y descansar en cajeros automáticos repletos de billetes manejados por una máquina. Muchos piensan que los vagabundos no tienen nada que decir. Después de conocer al viejo del Ayuntamiento he invertido esta creencia. Somos nosotros los que no tenemos nada que decir. En otras vidas, en siglos anteriores, en praderas verdes y campos diáfanos, ellos ya han vivido y existido y luchado y sufrido lo que ahora nosotros, los ocupados, consideramos importante.

Mi camino era el camino del mismo modo que su camino era el no camino. Podré seguir viviendo, claro, arrancando hojas del calendario y ahorrando y follando y bebiendo y ganando y escribiendo. Eso sí, como me enseñó categóricamente el viejo harapiento, si ves a un hombre con barba y una bolsa de viaje, sin prisa y con dirección aparentemente perdida, déjalo, está siguiendo su camino. No trates de enseñarle la brújula. Está ocupado contando estrellas y recorriéndolas una por una.

6 inputs:

Tin dijo...

Qué gran juego de palabras postbeat!
Todo muy Kerouac. Te mando un twitter con una cosilla.

Un abrazo

Houellebecq dijo...

En este psot te veo menos vanidoso que de costumbre. El tío rehusa tu conversación y tú todavía lo ensalzas. Pero te entiendo. Esos vagabundos tienen conversaciones más interesantes(en algunos casos) que buena parte de los que visten Lacoste o probablemente trajes del caso Gürtel. Qué bonico el post.

Southmac dijo...

Espero que el prota de esta historia no muriera sodomizado con medio litro de Daniels en el estómago por un navajo en las vías del tren, vamos, como quien dice en el puto camino.

LaMáquina dijo...

precioso post

POEM dijo...

qué gusto de post

envidio desde hace tiempo a estos tipos

me tienta echarme al camino así muchísimo...
si no estoy en ese camino ya con medio cuerpo...

en la calle Goya hay uno que me fascina con perro preciosísimo blanco y negro.
le doy mucha pasta para que por lo menos de de comer al perro, je

sumiderodefuria dijo...

Profundo.

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